Carta a los Centros. 1ª parte

Rescatamos uno de los artículos más interesantes (y necesarios a nuestro ver) que hemos recibido a lo largo de nuestra trayectoria en las redes, resumiéndolo y desglosándolo en pequeños textos, que funcionan a modo de “píldoras” estimulantes para la reflexión de todo espírita despierto y comprometido.Zona Espírita

(Primera parte)
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• Hablaremos de la necesidad de reestructurar las actividades espíritas (hacerlas más acordes con el tiempo en que vivimos), sin perder la esencia doctrinaria imprescindible pero también sin permanecer anclados en filtros estructurales y de lenguaje trasnochados. Sin esta consideración, el proceso de comunicación con los neófitos, principiantes, etc., estará condenado al fracaso.

 • No se trata de “vender” el Espiritismo, sino de interiorizarlo para después actuar en paz y racionalidad.

• Convenimos, de base, que el Espiritismo es una doctrina transformadora… no es la única, desde luego, pues hay otros enfoques de pensamiento que también lo son; pero, probablemente, esta lo sea en mayor medida en razón de la universalidad de sus conceptos y la elevación de su mensaje.

•  (…) no hablamos de tomar en consideración los postulados de las religiones orientales (por ejemplo), sino de resaltar el valor terapéutico y transformador de ciertos conceptos que, sí, fueron acogidos por el pensamiento de oriente, pero no tanto por ser creación suya, sino por ser patrimonio metafísico de la humanidad…

Y esta es la tendencia imparable desde hace años: el acople de ciertos valores universales de la transcendencia oriental con aquellos de la mística occidental… el Espiritismo perdería gran parte de su razón de ser si excluyese de sus propuestas (o percibiera como extraños) términos como “transformación” o “despertar de conciencia”, el Ser, etc., si no se erige en un instrumento activo (y activador) que forme parte de la nueva espiritualidad latente.

•  Hemos observado desde hace tiempo en ponentes, en charlas entre cofrades, etc., el temor por no resultar lo suficientemente “doctrinarios”… y esto nos resta naturalidad y, al mismo tiempo, expresa un callado temor a la crítica. Pero sobretodo, es un indicador que denota la existencia de mucho espíritu desconfiado y con tendencia al fanatismo entre nosotros…

Todo va bien mientras hablemos de reencarnación, de obsesores o de talleres de Evangelización Infanto-juvenil (término quizá nada apropiado en nuestro contexto español, aunque sí funcione al otro lado del mar),… El problema es que da la sensación de que hay apenas un par de líneas trazadas a las que tenemos que limitarnos, porque tratar de trazar otras (aún dentro de las propuestas espiritistas) despierta incomprensibles desconfianzas.

Me temo que ha llegado el momento no solo de ser realmente espiritistas (tal como lo fueron Amalia Rodríguez o Colavida) sino al mismo tiempo, sacudirnos el polvo de demagogia y espíritu de sistema (cerrado) que se nos ha ido acumulando sin darnos cuenta.

• Hoy, iniciando un nuevo milenio (con los cambios y desafíos que esto conlleva), también asistimos a una nueva fase de necesidad espiritual. Hoy ya no sería suficiente que el Espiritismo se limitara a añadir más información, o pretendiera convertirse en una nueva creencia, o los esfuerzos de los centros se focalicen sólo en el estudio y la divulgación: es preciso presentar y VIVENCIAR el inmenso patrimonio cultural espírita (moral cristiana verdadera, mediumnidad, etc), como parte integrante y activadora del despertar de conciencia que el momento histórico y planetario está registrando, aunque nosotros lo hagamos desde nuestra perspectiva… pero no sintiéndonos aparte, en una especie de burbuja doctrinaria.

Fin de la primera parte

Firmado: Un hermano

Escrito por Zona Espírita

Zona Espírita

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