Acción solidaria: una forma de encausar energías y deponer la violencia

Todos, de alguna manera, tenemos muchos problemas ya sean de orden físico como moral.

Cuando no nos predisponemos a superar los obstáculos de la vida con naturalidad, allí es cuando comenzamos a crear una situación de dolor; porque en realidad es una rebeldía a ese hecho que se presenta, justamente, para hacernos hábiles en la superación, a adquirir templanza.

Y en un momento determinado podemos llegar a rebelarnos ante la vida, cuando la finalidad de ésta es educarnos y modelarnos sensiblemente.

Se pueden dar muchas definiciones sobre felicidad.

Pero hay una que nos conmueve: “felicidad es la paz interior que nos preserva de las situaciones destructivas y violentas de la vida” Y esa paz aparece cuando logramos vencer en una medida el egoísmo, que es el origen de la mayor parte de nuestros sinsabores.

La solidaridad implica comprender las necesidades de los seres y hacer algo por ellos con un sentimiento generoso, así podríamos, ligeramente definirla.

La solidaridad se desarrolla cuando se educa, se conduce dando el ejemplo, cuando procuramos cubrir las necesidades materiales, cuando damos parte de nuestro tiempo para escuchar, comprender, y así saber qué quieren, qué anhelan, qué necesitan.

Pero todos estos estados implican esfuerzos, ciertos renunciamientos, y también esto es importante: un sentimiento responsable ante los hijos que la vida nos dio para que fuésemos sus conductores.

De esta manera damos fuerzas y amor, y al mismo tiempo, en nuestros espíritus se generan más fuerzas.

Ese es el mecanismo de la ley de solidaridad: no se pierde con dar, se gana en fuerzas, en experiencias y en salud, ya que ese intercambio energético beneficia físicamente a quien cumple generosamente con la ley.

Cada uno puede colaborar desde su condición social y sus posibilidades individuales con actitudes inteligentes y sentimientos acordes.

Somos por naturaleza sociales, ello implica ser reflexivos y serenos ante los acontecimientos violentos para aportar desde lo opuesto, para unir, para armonizar.

Al no hacer causa común con los estados sociales alterados, ya se está trabajando a favor del orden.

“…Tenemos un proyecto de familia en el que debemos abrirnos hacia el prójimo como grupo solidario…”

El sentimiento de solidaridad se aprende, como aprendemos a leer y a escribir.

Es una potencia del espíritu que cada uno puede desarrollar desde los actos más simples hasta acciones más complejas como son las organizaciones de ayuda sin fines de lucro.

A través del esfuerzo y de la voluntad en la obra solidaria, se va conformando paulatinamente este sentimiento, es decir, se va sutilizando, haciéndose más libre de las impurezas de la rebeldía, la disconformidad y de otros estados que son limitativos.

Y con el tiempo, esta fuerza va fortificándose con pensamientos valorativos, de comprensión y de sensibilidad hacia los demás.

No podemos sustraernos del entorno social y de todas sus connotaciones.

Si podemos crear las condiciones personales y familiares que sumadas a estados afines de bien, conformarán poco a poco, una fuerza impulsora de cambio.

El medio que nos circunda, responde a una multiplicidad de leyes divinas, entre ellas la de causalidad, brindando al espíritu la oportunidad de superación.

Por Raúl Drubich y Alicia Ristosto. Para el libro “La Otra Mirada: Diálogo con los Espíritus”. Editorial Dunken (2016) – Puede descargarse gratuitamente desde este enlace: LA OTRA MIRADA, DIÁLOGO CON LOS ESPÍRITUS :: CIMA Movimiento Espirita

Escrito por Colaboraciones

Colaboraciones

Bajo este perfil se publican escritos, publicaciones o extracciones de autores puntuales o anónimos. En el caso de que esté firmado se publicarán los datos del autor/a al final de cada artículo y/o texto.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.