Ni «Quietistas» ni «Reformistas»

El Espiritismo nunca fue ni será una nueva teología ni un nuevo «evangelismo», pero tampoco es una nueva ciencia cargada de prejuicios residuales del pasado positivista-materialista, ni una idea doctrinaria divorciada de la fe (racional) o lo espiritual.

Abogar por una renovación de los textos sería un sinsentido y un error mayúsculo; lo que sí debiéramos revisar y renovar son los patrones de pensamiento de los propios espíritas (en este sentido, la Codificación no debe ser «actualizada» sino explicada y esmeradamente contextualizada).

Cualquier otro tipo de actualización es una maniobra del ego y una separación de los deberes esenciales que emanan del Espiritismo.

Si en algún momento recurrimos a la división, a la crítica compulsiva o al descrédito hacia aquellos que, simplemente, no descodifican el mensaje espírita como nosotros, entonces, aún en el supuesto de que tengamos la razón en varios o casi todos los puntos, habremos fracasado como espíritas

Pensar diferente en tal o cual cuestión nunca debe ser motivo de resquemor o separación. No importa si somos más «religiosos» o más «científicos», o el haber discutido por otras cuestiones organizativas; si recurrimos a la deslealtad … o alimentamos rumores negativos, sea cual sea nuestra posición, no seremos buenos ni dignos agentes en la divulgación.

El librepensamiento respetuoso y natural, junto a ser buenos compañeros, nos estimula y abre caminos; pero la amistad y la unión nos hace invencibles, porque anula toda oposición de las sombras y nos granjea la simpatía de los Espíritus felices.

Si nos importa ser comprendidos por las mentes y los corazones del siglo XXI, debemos superar a ese escolástico Jesús de catecismo que impera en parte del movimiento desde mediados del siglo XX, y acercarnos más al concepto del Jesús maestro universal o Cristo interno.

Los sensibles a la actualización cooperan para que el movimiento no permanezca rezagado en las antiguas consignas de la creencia (hasta el punto de que a veces, verdaderamente, parece sólo una secta cristiana más), aunque también es cierto que un sector de los partidarios de la renovación, es evidente que aún no superaron el racionalismo del siglo XVII y el positivismo negador del XIX…
Revisemos (lejos de la pasión ideológica), nuestros ardientes posicionamientos, tanto como nuestro comodismo…

El Espiritismo incapaz de ir más allá del frío racionalismo puede, quizá, ilustrar, pero no irradiará…
Estemos atentos para que el mensaje espírita sea adogmático y actual… pero también, para que la razón (mal gestionada) no nos aparte de la esencia del Espiritismo, y de paso, comprometa la divulgación y nos conduzca a la desunión.

«Grupos de evangelio» o «evangelizar» son expresiones naturales y esperables dentro del movimiento católico, pero (en honor del buen sentido), resultan del todo imprecisos y bastante inconvenientes cuando nos referimos al Espiritismo, porque no forman parte de su discurso y porque si no cuidamos el uso y manejo de cierta terminología, en términos divulgativos, añadiremos confusión y ambigüedades innecesarias.

Pensamiento final:

Como espíritas necesitamos de la metacognición: controlar/organizar lo que se estudia y aprende, y evaluar los logros conseguidos…

Si no utilizamos esto nos limitamos a aprender y/o engullir conceptos, sin controlar y cotejar el proceso de aprendizaje (y la praxis consiguiente), dejando que sea nuestro personalismo (a su vez influenciado por los estereotipos y condicionamientos culturales), el que guíe nuestra manera de interpretar la doctrina…

Escrito por Juanma

Juanma

Juan Manuel Ruíz González es miembro de la Asociación Espírita José Grosso de la ciudad de Córdoba (España) y fundador del grupo de Facebook «Doctrina Espiritista». También escribe artículos en publicaciones espíritas como el periódico madrileño «El Ángel del Bien» y es asiduo colaborador de la web Zona Espírita.

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