El Guía Espiritual. Por F. Minadakis

Ya sea que se le llame guía espiritual, ángel de la guarda o hasta ser de luz, esta entidad ejerce sobre nosotros una suerte de fascinación y nos hacemos muchas preguntas respecto a ella.

Un día u otro, la vida nos lleva a pensar en él y queremos saber más. Impalpables, invisibles, inaccesibles, imaginados unas veces como querubines, aureolados o alados, otras más aterradores en forma de djinns, gnomos o genios según los países y las tradiciones, estos seres parecen compartir nuestra vida desde la noche de los tiempos.

Todavía hoy, ¿no se dice del recién nacido que es un angelito? ¿No se evoca, cuando se escapa de una catástrofe, la protección de una buena estrella o de un ángel guardián?

Para algunos, los ángeles son entidades intermedias entre Dios y los hombres. No pueden reencarnar y vivir como seres humanos. Y a la inversa, un ser humano no podrá convertirse nunca en un ángel.

¿Quiénes son ellos realmente, y qué relaciones tienen con el hombre?

¿Cuál es su papel?

¿Cómo puede uno encontrarse con ellos?

Y qué pasa durante nuestra desencarnación, ¿siguen ellos guiándonos en el más allá?

Es lo que vamos a descubrir juntos a la luz de la filosofía espírita.

EL GUÍA A TRAVÉS DE LA HISTORIA

El guía espiritual es un espíritu que nos acompaña y nos aconseja a todo lo largo de nuestra vida.

Con frecuencia es denominado “ángel de la guarda” por las diferentes corrientes religiosas o espirituales.

En el judaísmo, los ángeles guiaron a Abrahán y ayudaron a Moisés a ir hacia la Tierra Prometida.

Los hebreos creían que para un hombre era imposible ver a Dios frente a frente sin morir.

Por interés de credibilidad, reemplazaron entonces todos los pasajes donde el hombre veía a Dios, por pasajes donde el hombre se encontraba con un ángel enviado por Dios.

Para los cristianos, fue el arcángel Gabriel quien anunció a María que engendraría a Jesús.

Fueron igualmente los ángeles quienes hicieron rodar la piedra que sellaba la tumba del Cristo y le acompañaron al cielo.

La Biblia no menciona nunca explícitamente el término “guardián”.

Los ángeles están representados en pinturas en todas las mezquitas y escuchan las oraciones de los fieles.

El arcángel Gabriel, el mismo que se le apareció a María, inspiró a Mahoma en la escritura del Corán.

En el hinduismo y el budismo se encuentran igualmente personajes angelicales.

Sin embargo, ellos superan las divisiones entre las grandes religiones y quieren ser guías.

Generalmente son representados bajo una forma humana.

Son los mensajeros de Dios que aparecen en diversos lugares.

Etimológicamente, la palabra ángel significa “mensajero”.

En la Edad Media, fueron los artistas quienes volvieron casi obligatorias las alas, para mostrar que desafiaban las leyes de la gravedad y que flotaban en el aire.

Eso permitía igualmente diferenciarlos de los seres vivientes.

En la misma época, los teólogos, queriendo ordenar el mundo de los ángeles, crearon el concepto de los nueve coros de ángeles, ordenados en círculos concéntricos alrededor del mundo de Dios.

En el centro se encuentran los serafines, incorruptibles, cuya esencia es el amor, vienen luego los querubines cuya esencia es el saber y por fin, en la periferia, cerca del mal y de los hombres, que son los pecadores de este mundo cósmico, se encuentran los arcángeles y los ángeles.

Hasta el siglo XIV, se pensaba que había un ángel para todo, las estaciones, los planetas, la poesía…

Varios hechos notables participaron en la declinación de la creencia en los ángeles protectores, tales como la peste negra en los años 1347 a 1352 que diezmó cerca de la mitad de la población europea mientras ésta veía a los ángeles como protectores.

Y a lo largo del Renacimiento, con el desarrollo de los conocimientos del sistema solar (Copérnico) y de las ciencias en general, surgió la duda.

Sin embargo, a través la historia pueden encontrarse rastros de su presencia.

Juana de Arco afirmaba haber oído voces celestiales de las santas Catalina y Margarita y del arcángel san Miguel que le pedían ser piadosa, liberar al reino de Francia del invasor y conducir al delfín al trono.

La leyenda dice que George Washington vio un ángel que le contó la historia de su país.

Los ángeles formaban parte de su fe y de sus creencias.

Durante la primera guerra mundial, numerosos soldados dieron testimonio de haber visto ángeles a su lado en los momentos más duros.

EL GUÍA Y LA FILOSOFÍA ESPÍRITA

Gracias a los contactos con el más allá desde el siglo XIX, se comprende entonces que lo que se llamaba “ángeles de la guarda” son de hecho los espíritus de personas difuntas.

Allan Kardec en El Libro de los Espíritus, escrito en 1857, dedica todo un capítulo a los ángeles guardianes, espíritus protectores que llamamos “guías”.

Vamos a descubrir quiénes son realmente los guías y cuál es su función.

Ya sea en El Libro de los Espíritus u hoy en día a través de los mensajes recibidos, podemos decir que la protección es una ley indispensable para todos, estemos encarnados o desencarnados.

El espíritu que guía es más evolucionado que su protegido, tanto en el plano moral como en el intelectual.

Pero es ante todo alguien a quien hemos conocido en el curso de nuestras diversas reencarnaciones y con quien tenemos afinidades (un pariente, un amigo de ruta o de combate…).

Nos es cercano, nos ama. Es el espíritu que espera por nosotros, que nos ve vivir y nos acompaña a todo lo largo de nuestra vida.

¿Tenemos siempre el mismo guía? La regla no es absoluta.

Podemos tener un guía durante cierto tiempo y luego cambiar.

El guía puede ser el mismo a lo largo de toda nuestra encarnación y si es necesario durante varias vidas.

Por múltiples razones, el espíritu también puede suspender su función de guía.

Puede necesitar reencarnar para su propia evolución o para cumplir otra misión en el más allá, lo cual no le permitirá asumir más su papel.

Entonces, otro guía tomará su lugar.

Palabras de un espíritu que responde a la pregunta: ¿Qué es el guía?… un espíritu que ve a su protegido en todos los instantes de su existencia, un espíritu que lo sigue, un espíritu que lo conduce, un espíritu que sugiere el camino que precisaría seguir, un espíritu que se regocija, un espíritu que llora, un espíritu que transita todos los sentimientos de su protegido porque le acompaña sin cesar y sin descanso…”

EL ENCUENTRO CON EL GUÍA

Cada vez que un guía puede manifestarse a su protegido, lo hace no sólo con alegría y felicidad sino sobre todo con amor, diciendo por ejemplo: “Soy tu guía y soy feliz por ello. Compartamos juntos este sentimiento de ser, de durar y de dar, pues tenemos un largo camino y un trabajo que cumplir. Te protejo, te amo y te sigo…”

Además de la sesión espírita, hay otras circunstancias que permiten el encuentro con nuestro guía sin que nos demos cuenta.

La más corriente, aunque natural e indispensable para nuestro equilibrio, es lo que se llama “la desincorporación nocturna”.

Durante nuestro sueño, nuestro espíritu va a abandonar el cuerpo, gracias al periespíritu, para ir al encuentro del más allá y más particularmente al encuentro del guía.

Para comprender bien el fenómeno de la desincorporación nocturna, escuchemos las explicaciones del espíritu: “… El sueño es una pequeña muerte cotidiana que permite a cada uno captar las energías espirituales para comprender mejor la vida física. Así pues, cada noche, los espíritus humanos parten hacia el más allá al encuentro de sus guías y de numerosos desencarnados. Aunque el recuerdo de este viaje sea ocultado por las barreras del inconsciente, los conocimientos y los estados espirituales adquiridos tienen una influencia cierta sobre el comportamiento del individuo…”

Numerosas personas dan testimonio de haber sido advertidas de un peligro por una señal o una voz interior. Y a menudo, hacen referencia a su ángel guardián.

El propio Allan Kardec, da 26 testimonio en El Libro de los Médiums de haber sido alertado por golpecitos cuando trabajaba en un libro.

Al día siguiente, tuvo la oportunidad de hacer la pregunta durante una sesión de espiritismo y el espíritu guía le respondió que efectivamente, él buscaba hacerle comprender que cometía errores en su trabajo y le indicó cuáles.

Durante una NDE o EMI (experiencia de muerte inminente), numerosas personas dan testimonio, después de haber sido reanimadas de un coma profundo o de una muerte clínica, de haber encontrado a un ser de luz al que con frecuencia relacionan con su guía.

Manifiestan haber sentido un gran calor, un amor inmenso y una sensación de paz y serenidad frente a este ser.

No siempre es fácil descubrir la presencia del guía, ya sea durante nuestras desincorporaciones, por el sueño o por diversas señales.

Sin embargo, no habría que pensar que el guía decide por el protegido.

Él sigue, cuida y trata de insuflar buenas decisiones.

Sin embargo, no siempre está seguro de ser escuchado.

Eso depende de la receptividad, de la conciencia y del estado de ánimo del protegido.

Ciertos guías quizás nunca entran en contacto con sus protegidos. Demasiado apegados a las dificultades de vivir, ya sea debido a su situación personal (malestar, depresión…), ya sea a un contexto desfavorable (guerra, hambre, violencia social…) o por inferioridad espiritual.

Otros, a pesar de una relativa consciencia y contactos regulares con sus guías, permanecerán sordos a los consejos y con frecuencia se dejarán arrastrar a la facilidad y la renuncia por un orgullo demasiado pronunciado.

EL PAPEL DEL GUÍA AL MOMENTO DE LA MUERTE Y EN EL MÁS ALLÁ

El papel del guía no se detiene con nuestra muerte; los espíritus nos explican que cuando desencarnamos y llegamos al más allá al final del túnel, nuestro guía está allí para recibirnos:

“… De manera general, es pues el guía quien va a recibir en el rellano del más allá al espíritu que acaba de desencarnar. Esa acogida es tranquilizadora, se hace para impulsar progresivamente al recién llegado hacia las esferas de lo invisible, para acostumbrarlo a su solo habitáculo periespiritual, para acostumbrarlo a esta inmaterialidad…”

Precisemos que esto se refiere a los espíritus que han pasado el túnel sin conocer la turbación.

Muchas personas que dejan la Tierra y su envoltura carnal conocen el sentimiento de turbación de manera más o menos fuerte.

En efecto, las muertes brutales (accidente, asesinato, suicidio…), ocasionan una profunda turbación.

La psicología del espíritu, su carácter, sus faltas, sus creencias religiosas, su forma de percibir la muerte y su nivel de evolución, llevan igualmente a un estado de turbación.

Veamos el caso de un espíritu que ha conocido la turbación y de alguna manera se siente perdido en el más allá y le cuesta trabajo comprender lo que ve:

“… Es un espíritu que cuando ha llegado al más allá parece perdido. Es un espíritu que, en el punto de partida, ha errado un poco por los lugares de su última vida. Es como si hubiera sido ayudado. Lo veo como empujado y encontrarse un poco atontado (las cadenas fluídicas han sido establecidas). Ahora lo veo delante de mí. Parece bien. Dice gracias. Me dice que es ayudado por su guía que no lo abandona jamás. Me hace pensar en un niño pequeño refugiado en los brazos protectores de una persona afectuosa. Es un espíritu que aún no es capaz de hacer elecciones. Es guiado en su totalidad”.

Después de la acogida en el más allá, el guía conserva su función y permanece cerca de su protegido.

Le permitirá comprender su nueva condición de espíritu y le hará descubrir el más allá.

Juntos, guía y protegido harán una suerte de balance sobre la vida que acaba de pasar, sin juicio pero de manera objetiva y sincera.

EL PAPEL DEL GUÍA EN EL MOMENTO DE LA REENCARNACIÓN

Luego llega el momento de pensar en la reencarnación.

Sobre los consejos del guía, elegiremos el momento, el lugar y eventualmente la misión de nuestra próxima reencarnación.

En el más allá, el espíritu vive liberado de las coacciones de la materia y tomar la decisión de reencarnar no es trivial.

Pueden sobrevenir temores y angustias.

Es por ello que es muy importante para salir bien de su futura reencarnación, escuchar los consejos de su guía.

Un espíritu que reencarne demasiado rápido y sin escuchar los consejos de su protector podría conocer “un accidente de reencarnación” que podría traducirse, por ejemplo, en un hándicap físico o en un malestar psicológico.

CONCLUSIÓN

Es importante tomar consciencia de que muy cerca de ustedes, hay un amigo seguro y abnegado, que cuida, que sostiene, que ayuda y que ama.

Piensen entonces en él, aunque no conozcan su nombre, eso no es lo más importante; él sentirá el llamado y tratará de responder.

En la noche, justo antes de dormir, piensen en él para facilitar el contacto durante la desincorporación nocturna.

Ábranse a su amor y harán de su guía, un guía feliz.

Por Frédérique Minadakis

Traducción del francés al español publicada en la edición castellana de Le Journal Spirite. La Revue du Centre Spirite Allan Kardec de Nancy. Julio – Agosto – Septiembre de 2020 http://www.spiritisme.com/le-journal-spirite/

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