El Espírita ante la Homosexualidad

homesexualidadEn las últimas décadas asistimos a un evidente y progresivo proceso de revisión cultural, científica y social sobre el tema de la homosexualidad (hace 24 años que dejó de ser considerada como una anomalía para la OMS). Resulta, cuando menos, razonable que el espírita forme parte también de este proceso de normalización, sobretodo adherido a una filosofía (el espiritismo) progresista, natural y libre de los dogmatismos del pasado.

No se trata de de ser pro gay ni de enarbolar banderas… es una cuestión más de fondo, más universal: la de aceptar la multiplicidad expresiva del alma humana en su trayectoria evolutiva, donde, difícilmente, presentamos una tonalidad blanca o negra, sino que más bien optamos por la variada expresión de grises (y esto no solo en el campo de la sexualidad y la afectividad, sino en lo psicológico, lo moral, lo social, etc).

El Espiritismo jamás se pronunció contra la homosexualidad y, por lo tanto, nosotros tampoco debemos hacerlo. En la Codificación kardeciana los Espíritus ni tocaron este asunto, como sí lo hicieron, y expresivamente, con otros como la guerra, el aborto o el suicidio. Si hubiera habido necesidad, a no dudar, lo hubieran registrado.

Ser homosexual (o siendo heterosexual vivenciar una experiencia homosexual) no es ni bueno ni malo; simplemente ES. No precisamos, en este punto, valoraciones morales de ningún tipo. De igual manera, ser heterosexual no es bueno o malo; ES, y punto. Es el comportamiento (obsesivo, egoista, manipulador, etc) lo que puede ser considerado más o menos sano, más o menos correcto o incorrecto desde el punto de vista moral (no moralista, ojo). La sexualidad, en sí, queda al margen.

Lo que sí “canta” y ademas es erróneo, es que un espírita que en lo particular rechace el asunto homosexual, vaya por ahí utilizando elementos doctrinarios para justificar su postura personalista.

Hay muchas maneras de disfrazar el rechazo instintivo que los elementos de la cultura judeo-cristiana han ido depositando en nosotros, pero, por ser espíritas, precisamente deberiamos tomar conciencia de ello, primeramente, y después trascenderlos… Una manera de llevar a cabo este rechazo es cubrirlo con una pátina de caridad postiza que en realidad es una forma encubierta de condescendencia ante quien consideramos desviado del camino.

Hay cierta hipocresía (o ignorancia doctrinaria) en decir que un homosexual debe sublimar su energía genésica, ¡porque el hetero también debe hacerlo! Es decir ¿que diferencia moral hay entre alguien que se siente atraido por las mujeres y el que lo hace por los hombres? Ninguna; hay diferencias psicológicas, de experiencia, etc, pero la moralidad no tiene nada que ver.

Nuestra sexualidad puede tener un patrón de más o menos elevación o tenerlo muy bajo y animalizado, y en este sentido, no hay diferenciación entre un homosexual o un hetero ambos con sexualidad muy animalizada. Ahora, si acatamos sin rechistar el estereotipo secular (cómodo para los heterosexuales con prejuicios) de que el homosexual es el “vicioso”, entonces hay poco que dialogar. Las fijaciones sexuales son cosas a trabajar en nuestro interior, pero estas fijaciones están presentes en una y otra forma de sexualidad; las homo no son mejores ni peores que las hetero.

Si que es cierto que los espíritas (no el Espiritismo) deberían marcar diferencia en este sentido, porque si se mantienen, de base, en una estructura cultural de evidente atavismo machista, los contenidos espíritas filtrados por este matiz (y por elevados que sean), no van a cuajar en el corazon de la gente porque se captará el prejuicio residual… y sonará a más de lo mismo.

Para progresar debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, y el prejuicio diferencial sexista existe, y es un lamentable error que un miembro de la escuela de Kardec lo comparta. Hay por ahí espíritas de años y veteranía que, desafortunadamente, no han superado este atavismo, no siendo conscientes que estan expresando una particularidad cultural propia (que harían bien en revisionar), pero no una ley universal.

También los escritores y oradores (incluyendo a los muy conocidos) se equivocan.

Algunos piensan (incluyendo a los que se sienten con inclinaciones espirituales) que su condición actual, por ejemplo: varón y heterosexual, es un patrón fijo en el tiempo… No solo no es así, sino que además no expresa toda su realidad, pues en su patrimonio espiritual, por fuerza, también ha amado y/o practicado sexo con hombres (y seguramente lo volverá hacer en encarnaciones posteriores como hombre o mujer), porque nuestro ser profundo no tiene sexo definido; es más, carece de él.

El patrón psicobiológico que hoy nos define se ajusta a nuestra necesidad evolutiva, pero es momentáneo… irá cambiando inevitablemente (y no siempre será bajo el filtro varón-heterosexual del ejemplo anterior).

Solo esto debería hacernos reflexionar que no debemos censurar ni definir como incorrecto a alguien que se defina como varón y homosexual, porque ignoramos cuales son nuestras experiencias pasadas y cuales serán en el futuro, en un progreso que, además, por fuerza debe integrar en una sola ambas polaridades en su ascensión a la luz.

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