Una Nueva Metodología: Superando los “Espiritismos” importados

89_23Este artículo no pretende crear malestar (no es ese el motor que lo mueve, como podrá captar quien se acerque a él con la mente abierta y el corazón en paz), ni siquiera desea ser una crítica. Es, por sobretodo, una llamada de atención al colectivo espírita, en concreto al español, sobre la necesidad de plantearnos cosas nuevas….

Y no en cuanto a contenidos, sino en cuanto a líneas de trabajo diferentes a las que estamos haciendo en los últimos años; no por capricho de quienes esto escriben, sino en aras de ofrecer mayor sensatez, autenticidad y sobre todo, coherencia doctrinaria.

El Espiritismo es intocable (no precisa renovarse), puesto que las verdades esenciales y las leyes espirituales en las que se basa son inmutables… es la metodología y nuestra manera de hacerlo llegar a los demás lo que sí debe cambiar (y cuanto antes mejor).

¿Por qué el Espiritismo no termina de arraigar y sí lo hacen multitud de otras filosofías y disciplinas? Hay necesidad y demanda de espiritualidad, de trascendentalidad, y esta doctrina es la más completa filosófica y espiritualmente dada a la Humanidad, pero, no obstante, algo está fallando… y no proviene de ella, sino, seguramente, de la plataforma que ofrecemos para explicarla y darla a conocer.

Cuando alguien se acerca a un centro en busca de espiritualidad porque ya no le sirve la que es ofrecida desde la religiosidad convencional, se encuentra con una doctrina pacífica y bella, atrayente, …pero, a pesar de esto, no suele terminar entre sus filas… ¿Por qué?

Pongámonos en lugar de esta persona (normalmente desencantada con el absolutismo institucional y el sermón, incrédula por la fe religiosa, etc)… Esta persona, a pesar de sentirse en una atmósfera que probablemente le parecerá agradable y en compañía de personas amables, será probable que no pare de escuchar palabras que le suenan a más de lo mismo: “hermano” (¿no nos damos cuenta de cuanto abusamos de esta locución?, cuando en nuestra vía ordinaria no lo hacemos), “clases de evangelio”, “educación infanto-juvenil”… Y es que, al fin y al cabo, todo es como una especie de reunión neo-católica solo que abierta a la fenomenología psíquica y la reencarnación. Y es curioso, porque ninguna de estas expresiones contemporáneas forman parte original del Espiritismo: es algo aprendido y cultural. Y aquí está precisamente el asunto que tratamos de enfocar

Los espíritas no deben vivir marcados por la estela del prejuicio religioso, pero tampoco deberíamos ser tan complacientes con nuestras vivencias residuales del pasado como para dejar pasar por alto que, de fondo, estamos ofreciendo a aquel que nos visita una especie de catecismo (con espíritus, eso sí) y una serie de normas de comportamiento para no ser preso de los obsesores

Revisar el modus docendi se hace imprescindible, y para esto debemos modificar posturas de base que damos por válidas (y no lo son tanto) y metodología del hombre espiritual (pero irreligioso y laico ¡ojo!) del nuevo paradigma.

Debemos superar este espiritismo “importado” de cursos de Evangelio porque esto no es exactamente Espiritismo, al menos no como se entiende en Europa, donde no por acaso fue codificado. Y para ello tenemos que hacer un esfuerzo y concienciarnos del desafío de superar lo “religiosista” que impregna innecesariamente (y por lo tanto, creando confusión) al movimiento. Y esto sin dejar a un lado lo espiritual, claro está, porque el Espiritismo es una doctrina filosófica y espiritual y, desde estas líneas, no apoyamos movimientos que promuevan (erróneamente por cierto) un Espiritismo sin Jesús.

Que Jesús haya sido propuesto como modelo ideal por los Espíritus superiores y que la parte moral de la doctrina descanse sobre su mensaje, no se sigue que tengamos que convertir los centros en cursos de cristiandad; no porque esto esté mal, sino porque de esto ya se ocupan católicos y evangelistas y el Espiritismo es otra historia. Seamos serios y coherentes, pongamos cada cosa en su lugar.

No obstante esto, podemos pensar que las cosas están bien como están, que sólo es cuestión de mejorar la línea que estamos llevando… pero no es así: ¡es precisamente esta línea de los últimos 25 años la que debamos cambiar! Si no lo hacemos solo satisfaceremos a los círculos de amigos de Brasil y sus oradores más afamados, pero ya está; la divulgación no pasará de una leve irradiación local y reducida, pero alejada y extraña al gran público.

No somos Brasil (con todas las cosas buenas que esto conlleva), somos España y Europa, y por lo mismo, precisamos una metodología que nos sea más cercana culturalmente hablando. ¿Por qué seguimos adoptando indolentemente un estudio como el ESDE, de marcado filtro americano? ¿Es que en España no hay estudiosos del Espiritismo que puedan hacerlo? Evidentemente no es que unos lo hagan mejor que otros, sino que cada cual debe tomar su parte y ser objetivo con el escenario idiomático, social y cultural que pisa.

Una cosa es aprender unos de otros, compartir vivencias, etc, y otra muy diferente aceptar “retales” culturales que, por más que nos empeñemos no terminan de encajar.

Una persona del siglo XXI, con espíritu de búsqueda y ansias de renovación (crecimiento interno) no va a sintonizar de manera integral con unos postulados rígidos e inamovibles, en un lugar donde el primer día ya se le dice (amablemente) qué libros tiene que leer, etc. El Espiritismo es una escuela de pensamiento libre y desarrollo personal, no es asistir mecánicamente a escuchar al mismo orador e ingerir conceptos como un eco de escolástica arcaica.

No seamos indolentes y cómodos, apartémonos lo más posible del espíritu de sistema y conservemos la naturalidad, el diálogo y el pensamiento espontáneo; seamos leales al espíritu del Espiritismo que es ofrecer una palanca de conciencia y cultura espiritual al hombre de los nuevos tiempos. Y esto, nos tememos, no va a ser posible si lo que ofrecemos es más de lo mismo.

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Escrito por Lumen

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