El concepto Karma ¿cabe en el Espiritismo?

Para poder responder a la pregunta que el título de este artículo plantea, necesitamos aclarar varios puntos.

Entre estos está el que respetamos el libre pensamiento y el que cada cual llega a sus propias conclusiones, de acuerdo a la información que tiene hasta el momento.

No obstante, también sabemos que, por rasgos de personalidad, comodidad o resistencia al cambio, hay personas que, aunque nuevos datos o evidencias le deberían hacer reconsiderar ciertos asuntos, prefieren ignorarlos o insistir en su patrón de pensamiento actual.

Vivir la vida de esta forma nos podría traer múltiples conflictos y nos cierra a la flexibilidad que exige el reflexionar de manera crítica, filosófica o científica.

Por otra parte, no es menos cierto que también nos acostumbramos a simplificar la semántica, los conceptos, con el propósito de ser económicos con las palabras, las lecturas y las reflexiones, aunque esto acarree como consecuencia el que sacrifiquemos la profundidad de las ideas.

Esto no necesariamente es una regla, sino una generalización sobre la cual llamamos la atención, con el objetivo de invitar a nuestros lectores a que ponderen con seriedad este y otros asuntos que se manejan livianamente en las lecturas espíritas y espiritualistas en general.

Por esto le solicitamos a nuestros lectores la apertura necesaria para que podamos considerar lo que exponemos.

Al abordar el tema del karma, es posible que haya personas que piensen ‘es lo mismo que el Espiritismo describe como Ley de Causalidad o Ley de Causa y Efecto’.

Esta línea de pensamiento queda muy alejada de la realidad.

Tanto es así que, si presentásemos a Allan Kardec, fundador del Espiritismo, como el primer tratadista que le da forma a la columna filosófica que sostiene este gran monumento al conocimiento humano, veríamos que él no utilizó el término ‘karma’ en ninguna de sus obras, análisis o estudios.

Tal vez alguien podría pensar que como todavía no se habían popularizado en occidente las ideas de oriente, por eso el Codificador desconocía dicho concepto.

Esa premisa falla en su base, porque Kardec no solo lo conocía, sino que había leído a la saciedad al respecto.

Como una de varias evidencias, queda registrado para la historia que Allan Kardec escribió un “Catálogo racional de obras para fundar una biblioteca espírita”.

Este panfleto, refleja las obras que el Codificador tenía en su posesión y las que también estarían disponibles a través de su editor P.G. Leymarie.

Algunas de ellas, lo que se suma a la evidencia de que Kardec las habría leído, tienen un resumen o comentario en torno a los temas de dichos libros y su tangencia o relevancia en torno al Espiritismo.

Entre las múltiples obras citadas en ese catálogo, mencionaremos sólo dos: “La Biblia en la India; la vida de Jesús Krishna” escrita por Louis Jacolliot en 1869 y el libro “Buda y su religión” de Barthélemy Saint-Hilaire.

Leyendo sobre temas del hinduísmo y el budismo, como apuntan esos dos libros, lógicamente, podemos deducir que Kardec obvió o evitó el uso de la palabra ‘karma’, no por desconocimiento o ignorancia, sino porque tendría que ver con otra cosa, distinta a lo que estaban postulando los Espíritus, mientras se daba a la tarea de darle forma a la Ciencia del Alma.

Esto de por sí es suficiente para que reconsideremos su uso en la literatura y el lenguaje coloquial de los espíritas.

Pero para algunos, esto no será suficiente.

Para aquellos que necesitan más, los invitamos a leer lo que nos tiene que decir José Herculano Pires, filósofo, escritor, periodista y conferenciante espírita de Brasil: “… La palabra carma fue “introducida” recientemente al Espiritismo a través de las llamadas obras subsidiarias, o sea los libros psicografiados “escritos por espíritus a través de un médium” …

La palabra carma (en sánscrito karma o karman y en pali kamma) utilizada en la India y en muchas corrientes filosóficas religiosas significa, en primera instancia, “acción”, “trabajooefecto”.

En un sentido secundario, el efecto de una acción o, si lo preferimos, la suma de los efectos de las acciones (vidas) pasadas que se reflejan en el presente.

En la conceptualización hindú, karma quiere decir “destino” (carga) determinado o fijo; o sea, aquellos cuyos actos fueran correctos, después de muertos renacerán a través de una mujer bramana (virtuosa), al paso que aquellos cuyos actos fuesen malos, renacerán en una mujer paria (castas inferiores) y sufrirán muchas desgracias, acabando como simples esclavas.

Incluso, una persona nacida en una casta impura (por ejemplo, un barrendero o conserje, un asistente de crematorios) debe permanecer en la profesión heredada.

Cumpliendo lo mejor posible y de manera ordenada su función, tornándose un perfecto y virtuoso miembro de la sociedad.

Por otra parte, al interferir en las tareas de otras personas, sería culpable de perturbar el orden sagrado…”

Continúa elucidando Pires: “Sabemos, por la orientación de los Espíritus, que cuando reencarnamos no seleccionamos un destino y sí un género de pruebas o retos que cabe a cada cual enfrentar o rechazar.

De esta forma, no debemos utilizar la palabra karma en el Espiritismo y sí Causa y Efecto, porque los detalles de los acontecimientos de la vida dependerán de las circunstancias que el hombre provoca, así como sus actos…”

Además, Pires nos aclara: “El karma fue “inventado” por los arios, cuando estos invadieron la India a través del río Indo, trayendo consigo sus creencias religiosas y “creando” las castas para diferenciarse de los parias y rebajarlos a posiciones subalternas.

Si pensamos en el karma como un fin último estancamos al hombre, de la misma forma cuando aprobamos o aceptamos la salvación apenas por la justificación de la fe o a través de la predestinación.

El karma, en su época, surgió para los hindúes como una posibilidad de explicar y entender el mundo, el hombre y su existencia.”

Como es apreciable, el karma y su conceptualización popularizada están muy relacionadas, para poder hacer una comparación, con la Ley del Talión.

Para las tradiciones judeo-cristianas les resulta familiar el “ojo por ojo y diente por diente”.

Para las tradiciones orientales y esotéricas que diseminan un concepto literal y punitivo del karma el sufrimiento del ser humano de hoy es porque se lo merecen, es lo que sembraron y deben cumplirlo a cabalidad para poder salir de ese ciclo.

Es terrible pensar, con dicha perspectiva, que quien hoy fue violada, es porque violó; que quien hoy fue asesinado, es porque asesinó; que quien hoy vive en la miseria a través del hurto, del abuso o de la astucia de otros es porque lo tiene merecido.

Para los que así piensan, la solidaridad es una afrenta a las leyes cósmicas; la miseria tiene su justificación y debe ser condonada; el sufrimiento es parte de la vida y hay que dejarlo que ocurra.

Definitivamente esa forma de pensar no tiene nada que ver con el Espiritismo y cómo vemos la evolución, el progreso y la palingenesia.

Cuando leímos el recién publicado libro “Perspectivas Contemporáneas de la Reencarnación” (disponible en portugués) se amplió nuestra comprensión en torno a lo innecesario, impropio y desatinado del concepto kármico en el medio espírita.

Pudimos reforzar nuestro juicio en cuanto a la inclusión del libre albedrío, las circunstancias, las decisiones, la intención (la cual llamo ‘regulador causal’), el progreso, los accidentes y la incertidumbre.

Comprender que

  • tenemos una libertad relativa, relacionada a nuestra capacidad decisional, no un destino escrito que puede ser leído y es ineludible;
  • entender que nos unen las afinidades y no las imposiciones ciegas y automáticas;
  • llegar a saber que la miseria y el hambre pueden y tienen que ser remediados porque son el producto de la indiferencia y el egoísmo, no son castigos o necesariamente consecuencias nefastas por una vida desacertada;
  • y reconocer que el amor, la ignorancia, el desinterés, la compasión y la genuinidad sopesan en las consecuencias de nuestras vidas (presente y futuras) son consideraciones que quedan en clara contraposición a una visión inmediatista, punitiva, ciega e implacable, generalmente asociada al concepto del karma.

El Espiritismo y su estudio nos libera de las culpas, los pesares, las recriminaciones, la indiferencia y la baja auto estima, entre muchas otras complejidades de la personalidad.

Esto podría ser cierto siempre y cuando estudiemos concienzuda y profundamente las sublimes enseñanzas que nos proveen los Espíritus, encarnados y desencarnados, que dedican su tiempo, sus energías y su amor a compartir desinteresadamente lo que les ha hecho Bien.

Una vez realizada la introspección necesaria, tenemos el deber de convertir en actos de Bien, Solidarios, Compasivos y Altruistas lo que nos ha enriquecido.

Esta es la manera de compartir lo que hemos ganado y a su vez de comunicar lo que es el Espiritismo.

Por José E. Arroyo

Publicado en la revista A la Luz del Espiritismo. Publicación Oficial de la Escuela Espírita Allan Kardec. Puerto Rico. Año 2. Nº8. Octubre 2016 https://www.educacionespirita.com/

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Comentario en “El concepto Karma ¿cabe en el Espiritismo?

  1. Tremenda explicación. Lógica y asentada en la realidad Espirita. Nos saca de la confusión. Los neófitos tendíamos a confundir esos conceptos. Ya, con mi mente más abierta puede decir que somos producto de la cause y el efecto de nuestras acciones. Sin límites o restricciones punitivas. Simplemente, acorde a nuestras acciones. Gracias por su explicación.

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