Conversación mediúmnica: El Señor Jobard (sobre su desencarnación) y Análisis

1. Cuando vivíais nos recomendasteis que os evocáramos llegado el momento de que dejarais la Tierra.

Eso es lo que  ahora hacemos, no solamente para satisfacer aquel deseo, sino  sobre todo para testimoniaros una vez más nuestra sincera y  viva simpatía, al mismo tiempo que para instruirnos, puesto que nadie mejor que vos puede proporcionarnos informaciones precisas sobre ese mundo en el que os encontráis.

Estaríamos muy satisfechos si os dignaseis responder nuestras  preguntas.

Respuesta: En este momento lo más importante es vuestra  instrucción. En cuanto a vuestra simpatía, puedo verla: ya no sólo la percibo con los oídos, lo que constituye para mí un  importante progreso.

2. Para confirmar nuestras ideas, y a fin de que evitemos la  divagación, os preguntaremos, en principio, ¿en qué lugar os  halláis aquí, y cómo os veríamos en caso de que pudiéramos  hacerlo?

R. Estoy junto al médium. Me veríais con la apariencia  del mismo Jobard que se sentaba a vuestra mesa, dado que  vuestros ojos mortales, todavía vendados, sólo pueden ver a  los Espíritus con su apariencia mortal.

3. ¿Podéis haceros visible? De lo contrario, ¿cuál es la dificultad?

R. La disposición que os es propia. Un médium vidente me vería, los restantes no.

4. Vuestro lugar aquí es el mismo que ocupabais en nuestras sesiones cuando vivíais, y que os hemos reservado. Por  consiguiente, aquellos que os han visto en esas ocasiones pueden suponer que estáis ahí tal como erais entonces. Pero no estáis con vuestro cuerpo material, sino con vuestro cuerpo  fluídico, que tiene la misma forma de aquel. Si bien no os  vemos con nuestros ojos del cuerpo, os vemos con los del  pensamiento. Si bien no podéis comunicaros por medio de la  palabra, podéis hacerlo a través de la escritura, con la ayuda  de un intérprete. Así pues, nuestras relaciones no se han roto  en modo alguno con vuestra muerte, y podemos conversar  con vos de manera tan sencilla y completa como antes. ¿Es así  como ocurren las cosas?

R. Sí, y lo sabéis desde hace mucho tiempo. Ocuparé este lugar en muchas ocasiones, incluso sin que lo sepáis, porque mi Espíritu vivirá entre vosotros.

Comentario de Allan Kardec: Llamamos la atención sobre esta última frase: “Mi  Espíritu vivirá entre vosotros”. En las circunstancias actuales, eso no constituye una simple imagen, sino la realidad. Por el conocimiento que el espiritismo nos otorga  acerca de la naturaleza de los Espíritus, sabemos que  cualquiera de ellos puede encontrarse entre nosotros,  no sólo a través del pensamiento sino personalmente,  con el auxilio de su cuerpo etéreo, que lo convierte en  una individualidad diferenciada.

Por consiguiente, un  Espíritu, después de muerto, puede habitar entre nosotros del mismo modo que cuando estaba vivo, o mejor aún, puesto que puede ir y venir cuando le plazca.

 Tenemos de ese modo una multitud de acompañantes  invisibles, indiferentes algunos, y otros atraídos por el  afecto.

Sobre todo a estos últimos se aplica esta frase:  “Ellos viven entre nosotros”, que se puede interpretar  así: Ellos nos asisten, nos inspiran y protegen.

5. No hace mucho que venís a sentaros en ese mismo lugar. Las condiciones en las que lo hacéis ahora, ¿os parecen  extrañas? ¿Qué efecto ha producido en vos esa modificación?

R. Las condiciones actuales no me parecen extrañas, porque mi Espíritu desencarnado goza de la lucidez necesaria  para no dejar sin solución cualquier cuestión que considere.

6. ¿Recordáis haber estado en las mismas condiciones con  anterioridad a vuestra última existencia? ¿Notasteis algún  cambio?

R. Recuerdo mis existencias anteriores y compruebo que  he mejorado. En la actualidad veo y comprendo plenamente aquello que veo. En cambio, durante las precedentes existencias, Espíritu perturbado, sólo me apercibía de las lagunas terrestres.

7. ¿Recordáis vuestra penúltima existencia, la que precedió a la del señor Jobard?

R. En mi penúltima existencia fui un obrero mecánico, atormentado por la miseria y por el propósito de perfeccionar mi oficio. Como Jobard, cumplí los sueños de ese pobre obrero, y  doy gracias a Dios, cuya bondad infinita ha hecho que germinara la simiente que Él había depositado en mi cerebro.

8. ¿Ya os comunicasteis en algún otro lugar?

R. Me he comunicado poco. En diversos lugares un Espíritu adoptó mi nombre, y hubo ocasiones en que yo estaba  cerca de él sin que pudiera comunicarme directamente. Mi  muerte es tan reciente que todavía me afectan ciertas influencias terrenales. Es preciso que exista una simpatía perfecta para  que pueda expresar mi pensamiento. Dentro de poco, estaré en condiciones de proceder indistintamente, pero por ahora,  repito, no puedo hacerlo.

Cuando muere un hombre un tanto conocido recibe llamados de muchos lugares, y una multitud  de Espíritus se apresura a apoderarse de su individualidad. Fue eso lo que aconteció conmigo en numerosas oportunidades. Os aseguro que pocos Espíritus pueden comunicarse inmediatamente después de su desprendimiento, ni siquiera  a través de un médium por el que tenga alguna preferencia.

9. ¿Veis a los Espíritus que están aquí con nosotros?

R. En particular veo a Lázaro y a Erasto. A continuación,  a una cierta distancia, el Espíritu de Verdad se cierne en el espacio. Veo también una infinidad de Espíritus amigos que os rodean, solícitos y benévolos. Consideraos dichosos, amigos,  pues hay influencias benéficas que os protegen de las calamidades del error.

10. Cuando estabais encarnado compartíais la opinión  que ha sido emitida sobre la formación de la Tierra a partir  de la incrustación de cuatro planetas, que se habrían unido. ¿Conserváis esa misma opinión?

R. Es un error. Los nuevos descubrimientos geológicos  prueban las convulsiones de la Tierra y su formación sucesiva. La Tierra, al igual que los demás planetas, tuvo su vida propia, y Dios no necesitó recurrir al gran trastorno que constituiría esa agregación de planetas. El agua y el fuego son los únicos elementos orgánicos de la Tierra.

11. Pensabais asimismo que los hombres podían caer en  estado cataléptico por un tiempo ilimitado, y que el género  humano había sido conducido de esa manera a la Tierra.

R. Quimera de mi imaginación, que superaba invariablemente sus límites. La catalepsia puede ser prolongada, pero no indeterminada. Se trata de tradiciones, leyendas exageradas por la imaginación oriental.

Amigos míos, ya he sufrido  mucho a causa de las ilusiones con que alimenté mi espíritu;  no os engañéis al respecto. También he aprendido mucho, y hoy puedo deciros que mi inteligencia, apta para asimilar diversos y vastos estudios, había conservado de mi última encarnación el amor por lo maravilloso, abrevado en las imaginaciones populares. Por el momento poco me he ocupado con las cuestiones  puramente intelectuales, en el sentido en que vosotros las  consideráis. ¿Cómo habría de hacerlo, deslumbrado y aturdido por el maravilloso espectáculo que me rodea? Sólo el  vínculo con el espiritismo, tan poderoso que vosotros los  hombres no podéis comprenderlo, es capaz de atraer mi ser a esta Tierra que abandono, no diré con alegría, pues eso sería  una falta de piedad, pero sí con el profundo reconocimiento  de la liberación.

Cuando la Sociedad* abrió una suscripción en favor de los obreros de Lyón, en febrero de 1862, uno de sus  miembros se suscribió con 50 francos, de los cuales 25 correspondían a él y 25 fueron colocados en nombre del señor Jobard, que por entonces dio al respecto la  comunicación siguiente:

“Me siento honrado, y agradezco a mis hermanos espíritas porque no se olvidaron de mí. Agradezco al corazón generoso que os aportó la ofrenda que yo habría entregado si todavía habitara en la Tierra. En el mundo en que me encuentro  actualmente no tenemos necesidad de dinero, de modo que  me ha sido necesario recurrir al bolsillo de la amistad para  probar materialmente que también a mí me conmueve el infortunio de nuestros hermanos de Lyón. Bravos trabajadores,  que cultiváis fervorosamente la viña del Señor, debéis tener el convencimiento de que la caridad no es una palabra vana, pues grandes y pequeños os han dado muestras de simpatía y  fraternidad. Estáis en la amplia vía humanitaria del progreso. ¡Que Dios os conserve en ella y lleguéis a ser más felices! ¡Los  Espíritus amigos os sostendrán y triunfaréis!

”Comienzo ahora a vivir espiritualmente, con mayor serenidad y menos perturbado por las evocaciones que de todos lados llueven sobre mí. La moda cunde también entre los Espíritus. Cuando la moda Jobard sea sustituida por otra; cuando para los humanos yo haya caído en el olvido, entonces pediré a mis verdaderos amigos, aquellos que me recordarán siempre, que me evoquen. Así profundizaremos las cuestiones que hemos tratado muy superficialmente, y vuestro Jobard, absolutamente transfigurado, podrá seros útil, como él lo desea de todo corazón”.JOBARD

Pasados los primeros tiempos consagrados a tranquilizar a sus amigos, el señor Jobard ocupó su lugar entre los Espíritus que trabajan activamente por la renovación social, mientras espera su próximo regreso entre los vivos, a fin de realizar una  tarea más directa en ese sentido. A partir de entonces, ha transmitido con frecuencia a la Sociedad de París, donde continúa  como colaborador, comunicaciones de innegable superioridad, aunque sin apartarse de la originalidad y del buen humor que constituían la esencia de su carácter, al punto que nos permiten reconocerlo incluso antes de que ponga su firma.

Sobre El señor Jobard

Director del Museo de la Industria de Bruselas. Nacido en Baissey (Alto Marne); fallecido en Bruselas, de un ataque de apoplejía fulminante, el día 27 de octubre de 1861, a los sesenta y nueve años.

El señor Jobard era presidente honorario de la Sociedad Espírita de París. Teníamos el propósito de evocarlo en la sesión del 8 de noviembre, oportunidad en la que, anticipándose a nuestro deseo, ofreció espontáneamente la siguiente comunicación:

“Aquí estoy, soy quien ibais a evocar, y me manifiesto a través de este médium al que hasta ahora le había solicitado hacerlo, pero sin éxito.

”Deseo ante todo describiros mis impresiones en el momento de la separación de mi alma. Experimenté una indescriptible conmoción. Recordé de inmediato mi nacimiento, mi juventud, mi edad madura. Toda mi vida se plasmó nítidamente en mi memoria. Sólo sentía el piadoso deseo de encontrarme en las regiones reveladas por nuestra amada creencia. Luego, la confusión se apaciguó. Estaba libre, y mi cuerpo yacía inerte. ¡Ah, mis queridos amigos, qué placer se experimenta sin el peso del cuerpo! ¡Qué satisfacción es poder abarcar el espacio! Sin embargo, no creáis que me haya convertido repentinamente en un elegido del Señor. No, me encuentro entre los Espíritus que, si bien han aprendido algo, tienen por delante un prolongado proceso de aprendizaje. No pasó mucho tiempo sin que me acordara de vosotros, mis hermanos de exilio. Os ratifico mi plena simpatía, y los envuelvo con mis mejores votos.

¿Quisierais saber cuáles son los Espíritus que me recibieron? ¿Cuáles han sido mis impresiones? Pues bien, amigos, esos Espíritus son todos los que evocamos, todos los hermanos que han compartido nuestros trabajos. He percibido el esplendor, pero no puedo describirlo. Me concentré en discernir lo que era verdadero en las comunicaciones, listo para rechazar todo lo que fuese inexacto; dispuesto, en fin, a ser el defensor de la verdad en el otro mundo, así como lo he sido en el vuestro.” – JOBARD

El texto completo de este contenido ha sido extraído del libro codificado por Allan Kardec titulado El Cielo y el Infierno; o la Justicia Divina según el Espiritismo”. Traducción de Gustavo N. Martínez. Puedes descargarte este libro gratuitamente para su lectura y/o estudio desde este link oficial de la editora: Obras de Allan Kardec – Espiritismo Confederación Espiritista Argentina (ceanet.com.ar)

Nota: (*) Se refiere a la Sociedad Espírita de París

Escrito por Allan Kardec

Allan Kardec

Allan Kardec. (1804-1869) es el seudónimo utilizado por el pedagogo y escritor Hippolyte Léon Denizard Rivail, considerado el codificador de la doctrina llamada Espiritismo. Nota de ZonaEspirita.com : En este perfil se publican contenidos escritos por él. Las partes subrayadas y resaltadas han sido editadas por la web.

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