(Auto) Esclarecimiento y (auto) adoctrinación

1527046_586247204836997_6359654263413285499_nA menudo, en los ambientes espíritas, hablamos de la necesidad que el discípulo de Kardec verdaderamente concienciado tiene de prestar atención a las cuestiones divulgativas, a la necesidad de esclarecer al que tiene menos conocimiento, etc, etc.

Y es cierto en verdad, porque el Espiritismo conlleva una luz especial que debe ser compartida con otros… Pero esto no quiere decir que hagamos apología buscando adeptos (lo cual sería un error), ni que vayamos por ahí “salvando” almas….

Como no me canso de decir: hay que ser discretos y, sobretodo, NATURALES. Porque podemos terminar más guiados por nuestra ignorancia (incluso nuestra presunción) que por los Buenos espíritus. 

Tan importante como el estudio o la divulgación es la “campaña de sensibilización individual”, el autoanálisis y el auto-esclarecimiento sin la cual no hay Espiritismo interno (o lo que es lo mismo: no se forja el espírita verdadero).

No tengamos la osadía de encender en los demás la luz de la reforma que, en realidad, no estamos dispuestos ha encender en nosotros mismos (y ojo, que el ego estará dispuesto a que caigamos en ese juego). Los espíritas no hemos sido llamados para “adoctrinar”… esta es una modalidad de servicio mediúmnico que se realiza de puertas adentro, (pero no una actitud general de puertas afuera), hemos sido convocados para servir… Si interiorizáramos realmente esto, muchas cosas cambiarían.

Mantenerse firme en la labor abrazada es admirable, pero los añadidos personales de falta de criterio, imparcialidad, dureza de carácter y/o indiferencia emocional, son del todo innecesarios en alguien que se dice espírita (y más si es un orador). Si identificamos alguno de estos patrones en nosotros mismos, nos haríamos un grandísimo favor puesto que nos colocaríamos en posición para poder ir modificándolos. Nuestra trayectoria personal debe ser revisable, para no enraizarnos en comportamientos peregrinos y terminemos normalizando un carácter que está muy lejos de ser consecuente y digno.

Por mucho que se cultive en el estudio y en la divulgación, nadie podrá ser un buen espírita si antes no es una buena persona…

Es muy diferente ir por ahí pregonando las cuestiones doctrinarias, que caminar siendo considerados y desprendidos con todos los hermanos del camino, haciéndonos pequeñas llamas de caridad viva.

Hermanos: rehagamos el camino cada vez que sea necesario, afrontemos (sin fustigamientos) nuestros errores con naturalidad y espíritu de superación, cada vez que perdamos el norte a causa de nuestros personalismos… Y sobretodo hagámoslo mientras dure nuestro tiempo en la tierra. Este auto-esclarecimiento nos permitirá recolocarnos de manera adecuada… y continuar la marcha con más plenitud.

La labor de un centro espírita no es la formación intelectual que nos capacite en óptimos teóricos del Espiritismo… esto no sirve de mucho si al mismo tiempo no aprendemos a ser sensibles al diálogo y la convivencia, a la capacidad de afrontar nuestros personalismos (en lugar de disculparlos), apostar por el bien común, etc, etc.

Tiene mucho más valor un espírita bueno y consciente que un espírita instruido o formado (a secas)…

Seremos espíritas, en toda la extensión de la palabra, cuando en el campo de las relaciones humanas seamos sembradores de alegría y paz, de unión y de esperanza.

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