Abuso en los malos centros espíritas

El gran atraso moral e intelectual en que aún se hallan los hombres de la Tierra, y el poco caso que han hecho de las enseñanzas espíritas, contenidas en las obras de Allan Kardec; cuya lectura es tan útil, y su estudio tan indispensable, que sin comprenderlas, sin fijarse detenidamente en ellas, sin analizar y comentar sus conceptos; el que hable de Espiritismo sin una sólida instrucción, adquirida en sus libros fundamentales, tendrá de esta escuela filosófica los mismos conocimientos que tendrá un ciego de nacimiento de la diversidad de colores, y un sordo de la diferencia de los sonidos, ni más ni menos.

Con el transcurso del tiempo vamos conociendo, a muchos que se dicen espiritistas; y cuando les preguntamos ¿Y como conoció Ud. el Espiritismo?

Muchos nos contestan en estos parecidos términos:

se murió mi padre, o mi hijo, o mi madre, etc.me habló un amigo del Espiritismo, me dijo que yo misma podía comunicarme con el ser querido al que lloraba y me enseñó la invocación que debía hacer, evoqué, y escribí, y han dicho los espíritus que tengo que cumplir una gran misión en la Tierra, que he de escribir tanto y cuanto.

¿Y qué ha leído Ud. de obras espiritistas?

Poco, muy poco, casi nada, tengo tanto que hacer…

¿Y por qué no emplea Ud. en leer, el tiempo que se ocupa en escribir?

Bueno, como todo mi afán es ver si llego a ser un buen médium

Y tras la dichosa y nunca bien ponderada mediumnidad, centenares de seres pierden horas y horas emborronando papel siendo la mayoría de las veces el juguete de los espíritus burlones que abusan de su ignorancia y su credulidad.

Nos dicen que digamos algo sobre las curaciones que se efectúan, o mejor dicho que se simulan en los malos Centros Espiritistas.

Y a esto decimos nosotros: que si bien queremos denunciar el abuso, no queremos herir a ninguna agrupación, porque el escritor no debe singularizarse, debe hablar con todos, y con ninguno; debe decir los milagros, sin descubrir a los santos.

Nosotros diremos únicamente que el lugar donde se abuse del Espiritismo no es un buen Centro Espiritista, y por consiguiente dicha sociedad debe disolverse aunque la formen personas que parezcan muy autorizadas, y esté protegida por los espíritus de nombres muy retumbantes.

Queremos dar por supuesto que en los malos Centros Espiritistas dominan en muchos de ellos, más la ignorancia, que la mala fe.

Esta última crea los médiums interesados, las comunicaciones dudosas y todos los abusos anexos a la farsa, y a la explotación de una idea; y la ignorancia produce las innumerables obsesiones que dan tan fatales resultados.

Los médiums que se obsesan, se conocen al vuelo. Kardec explica en el libro de los Médiums, cómo se conoce la obsesión en los caracteres siguientes:

1º) Persistencia de un Espíritu en comunicarse contra la voluntad del médium, por la escritura, el oído, la tiptología, etc. oponiéndose a que otros espíritus puedan hacerlo.

2º) Ilusión que, no obstante la inteligencia del médium, le impide reconocer la falsedad y el ridículo de las comunicaciones que recibe.

3º) Creencia en la infalibilidad y en la identidad absoluta de los espíritus que se comunican y que, bajo nombres respetables y venerados, dicen cosas falsas o absurdas.

4º) Confianza del médium en los elogios que hacen de él los espíritus que se comunican.

5º) Propensión a separarse de las personas que puedan darles avisos útiles.

6º) Tomar a mal la crítica con respecto a las comunicaciones que reciben.

7º) Necesidad incesante e importuna de escribir.

8º) Sujeción física, dominando la voluntad de cualquiera y forzándole a obrar o hablar a pesar suyo.

El orgullo se traduce en los médiums por señales inequívocas sobre las cuales es tanto más necesario llamar la atención, cuanto que es una de las extravagancias que más desconfianza deben inspirar sobre la veracidad de sus comunicaciones.

En primer lugar tiene una confianza ciega en la superioridad de estas mismas comunicaciones y en la infalibilidad del Espíritu que se las da; de aquí dimana cierto desdén por todo lo que no viene de ellos porque se creen en posesión del privilegio de la verdad.

El prestigio de los grandes hombres con los cuales se adornan los espíritus para justificar que les protegen, los ofusca; y como su amor propio sufriría confesando que son engañados, rechazan toda clase de consejos; aún los evitan alejándose de sus amigos y de cualquiera que pudiese abrirles los ojos; si son condescendientes en escucharles, no hacen caso de sus avisos, porque dudar de la superioridad de su Espíritu casi es una profanación.

Se ofuscan por la menor contradicción, por una simple observación crítica, y algunas veces llegan hasta aborrecer a las mismas personas que les han hecho favores.

Merced a este aislamiento provocado por los espíritus que no quieren tener contradictores, estos están satisfechos con entretenerles en sus ilusiones, de este modo les hacen aceptar a su gusto los más grandes absurdos por cosas sublimes.

Así pues,

  • confianza absoluta en la superioridad de lo que obtienen,
  • desprecio de aquello que no viene de ellos,
  • importancia irreflexiva dada a los grandes nombres,
  • no admitir consejos,
  • tomar a mal toda crítica,
  • alejamiento de los que pueden darles avisos desinteresados,
  • creencias en su habilidad a pesar de su falta de experiencia;
  • tales son los caracteres de los médiums orgullosos.

Al lado de éste, presentemos a la vista el cuadro del médium verdaderamente bueno, de aquel en que se puede tener confianza.

Supongámosle en primer lugar una facilidad de ejecución bastante grande que permite a los espíritus comunicarse libremente y sin inconvenientes por ninguna dificultad material.

Obtenido esto, lo que más importa tener en cuenta es la naturaleza de los espíritus que habitualmente le asisten, y para esto, no es el nombre al que se debe atender, sino al lenguaje.

Jamás debe de perder de vista que las simpatías que se conciliará entre los espíritus buenos, estarán en razón de lo que hará para alejar a los malos.

Persuadidos de que su facultad es un don que le ha sido concedido para el bien, no abuse de él ni se atribuya por ello ningún mérito.

Acepta las comunicaciones buenas que se le den, como una gracia de la que es menester que se esfuerce en hacerse digno por su bondad, por su benevolencia y por su modestia.

El primero se enorgullece por sus relaciones con los espíritus superiores; el segundo se humilla, porque nunca se cree merecedor de este favor.

Es muy cierto lo que dice Kardec, la pintura que hace de los médiums obsesados no puede ser más exacta, y la de los médiums orgullosos es inmejorable; por esto nosotros, cuando nos dicen, escriba Ud. sobre las obsesiones y sobre los abusos de las curaciones simuladas, decimos: Estúdiese las obras de Kardec, que en ellas se encuentran contestaciones razonadas para todas las preguntas, y aclaraciones para todas las dudas; y aunque se ha escrito mucho, y muy bueno, sobre el Espiritismo, pero ninguno de los libros publicados es tan útil para el estudio del Espiritismo como lo son las obras de Kardec; porque éste no se olvida de los más leves detalles, y en su minuciosidad, en su especialísimo cuidado de fijar toda su atención en las más insignificantes pequeñeces: en esto consiste principalmente, el indispensable mérito de estas obras.

Los demás libros espiritistas están escritos para los sabios exclusivamente, y los de Kardec sirven para los ignorantes y para los instruidos y los primeros son los que realmente necesitan los rudimentos de la enseñanza.

¿Qué es el ignorante? Un niño. ¿Y a los niños qué lectura se les ofrece? Narraciones sencillas, y sobre todo claras, sin silogismos ni figuras hiperbólicas: y los escritos de Kardec reúnen la sencillez del estilo y la inflexible lógica de la verdad.

Nunca nos cansaremos de decir lo mismo, los buenos médiums escasean, por esto en los grupos y Centros Espiritistas deben dedicarse con preferencia a la lectura y al estudio.

Que la lectura les aburre a muchos, nos objetan algunos directores; pues los que se aburren que se vayan.

Si los espiritistas no tenemos empeño en adquirir prosélitos, si el Espiritismo no ha de valer por la cantidad de los espiritistas, sino la calidad de los mismos; dice un Espíritu, y dice muy bien: nunca os instaré bastante a que hagáis un Centro formal de vuestras reuniones.

Que en otra parte se hagan demostraciones físicas, que allá se vea, que allá se oiga, que entre vosotros se comprenda y se ame.

Este es el quid de la dificultad. Espiritistas amaos, he aquí la primera enseñanza; instruiros, he aquí la segunda.

Esto es lo que debe hacerse en los Centros;

  • procurad ante todo reunir elementos afines;
  • y caminar despacio, que no por mucho madrugar amanece más temprano;
  • y modérese ese afán desmedido que hay en algunas agrupaciones de curar por medio del consejo de los espíritus;
  • que como dice muy bien Kardec: la salud es una condición necesaria para el trabajo que debe realizarse en la Tierra, por eso los espíritus se ocupan de la salud con gusto;
  • pero como entre ellos hay ignorantes y sabios, tanto para estos como para los demás, no conviene dirigirse al primero que se presente.

Cierto que hay médiums curanderos, que ciertas personas poseen el don de curar con el simple tacto, con la mirada, y aún con un ademán sin el socorro de ningún medicamento; pero estos grandes médiums escasean, y por lo mismo que la salud es un tesoro inapreciable, debemos tener un especial cuidado en conservarla y no exponernos a ser víctimas de la ignorancia de los de allá, y de los de acá.

Nos es muy enojoso tratar del asunto de los malos Centros Espiritistas, porque nosotros quisiéramos que cada agrupación fuera un núcleo de unos cuantos hombres dignos, estudiosos, y pensadores, que se distinguieran por su caridad, por su resignación, por su templanza, por su sobriedad; y si bien algún que otro grupo reúne casi todas las condiciones apetecibles, los malos Centros con sus abusos y con sus extravagancias, eclipsan a los buenos, y pagan justos por pecadores.

Un hermano nuestro (verdadero espírita), cuando escribimos que hay espiritistas que ridiculizan el Espiritismo, él sufre, y quisiera que enmudeciéramos, porque le duele en el fondo de su alma que en el campo espírita se extienda la cizaña de la farsa y de la explotación; pero nosotros amantísimos de la verdad, deseando vivamente que el Espiritismo sea estudiado por todas las clases de la sociedad, decimos alto y muy claro que no son espiritistas racionalistas los que acuden a esos Centros donde unos cuantos médiums obsesados, ridiculizan a los más grandes, y lo más sublime: la comunicación ultraterrena de tan trascendentales resultados.

No son tampoco espiritistas cristianos los que acuden a un Centro para hacerle la guerra a ésta o aquélla agrupación, o a la misma que frecuentan.

Ayer nos decía un gran pensador: desengáñese Ud. Amalia, el Espiritismo es hoy como un niño que comienza a andar, y como tal se cae, y se levanta y comete ligerezas, y llega a lo sublime, y desciende hasta el ridículo, pero cuando llegue a su mayor edad, entonces todo irá bien, el sol puede más que las nubes.

Es muy cierto lo que dice nuestro amigo; pero también es verdad que los árboles que se tuercen, desde pequeñitos se comienzan a enderezar; y por esto debemos deslindar los campos, y decir lo que es el Espiritismo racionalista, lo que es el estudio formal de esa escuela filosófica, comparado con el charlatanismo, con las obsesiones, y con el ridículo fanatismo de algunos espíritas ignorantes que tanto daño ocasionan a la doctrina espírita.

El inolvidable Palet consagró las mejores horas de su vida a la observación de los falsos médiums, diciendo en sus penosas declaraciones: ¡Todo por la verdad! Y nosotros, queriendo seguir sus huellas, diremos siempre: el Espiritismo es la vida, y los abusos que en su nombre se cometan deben denunciarse, debe decirse donde está la luz, y donde está la sombra y si los que están en las tinieblas nos miran de reojo, nada nos importa; que habremos cumplido con nuestro deber, con hechos y con palabras demostramos que queremos ir hacia Dios por la Caridad y la Ciencia.

Verdad no hay más que una; así pues que nada nos arredre para decir con noble entusiasmo: ¡Todo! ¡Todo por la verdad!

Por Amalia Domingo Soler

Artículo extraído del libro recopilatorio La Luz de la Verdad

Escrito por Amalia Domingo Soler

Amalia Domingo Soler

Amalia Domingo Soler (Sevilla, 10 de noviembre de 1835 – Barcelona, 29 de abril de 1909) fue una escritora y novelista española, y gran exponente del movimiento espiritista español por sus actuaciones de divulgación y médium psicógrafa. Nota de Zona Espírita: En este perfil se publican contenidos escritos por ella. Las partes subrayadas y resaltadas han sido realizadas por esta web.

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