Utilidad del Espiritismo y sus progresos

El Espiritismo, difunde una luz que penetrará desde el palacio del potentado hasta la cabaña del rústico aldeano, luz que en medio de la diversidad de escuelas, de sistemas y de opiniones religiosas, políticas y sociales que dividen a la humanidad actual, será de un gran poder para iluminar a todos.

El Espiritismo tiene por objeto combatir la incredulidad y sus funestas consecuencias, dando prueba patente de la existencia del alma y su vida futura.

Se dirige a todos en general pero muy particularmente a los que no creen en nada y a los que dudan, cuyo número es muy grande por desgracia.

El Espiritismo que sabe que toda creencia es superficial y sólo da las apariencias de la fe pero no la fe sincera, expone sus principios a la vista de todos de modo que puede cada cual formar opinión con conocimiento de causa.

Los que lo aceptan lo hacen libremente y porque lo encuentran racional.

No impone una creencia, invita a un estudio; no pretende convertirse por sorpresa, sino que se le estudie detenidamente, para después rechazarlo o aceptarlo.

Los espiritistas decimos: al que ha nosotros viene como hermano, como a hermano lo recibimos; al que nos rechaza le dejamos en paz; pero guardándole las misma consideraciones.

El Espiritismo nos enseña la influencia que el mundo invisible ejerce con el mundo visible y las relaciones que entre ambos existen, como la astronomía nos enseña las relaciones de los astros con la Tierra; nos la presenta como una de las fuerzas que gobiernan al Universo y contribuyen al sostenimiento de la armonía general.

Y este conocimiento de ultratumba nos lleva a la resolución de infinidad de problemas insolubles hasta ahora; nos da la prueba patente de la existencia del alma; de su individualidad después de la muerte, de su inmortalidad y de su suerte verdadera; es pues, la destrucción del materialismo no con razonamientos sino con hechos.

Por esto, hermanos míos:

  • Cuando los dogmas religiosos se derrumban minados en su base por la ciencia positiva y el espíritu de examen de nuestro siglo;
  • cuando las falsas y desconsoladoras interpretaciones de la ciencia materialista buscan en vano solución a las grandes cuestiones morales y satisfacción a los anhelos y aspiraciones de la humanidad;
  • cuando todo se halla perturbado y pidiendo regeneración, y se agita el problema político “unido en nuestros días al problema social, que es ante todo un problema religioso”;
  • cuando más oscuro se ve el horizonte y más intrincado el camino, conduciéndonos por todas las partes al abismo como irremediable y desastroso fin;
  • cuando hasta las mismas conquistas de la civilización semejan convertirse en elementos perturbadores para sumir a la humanidad en las tinieblas de caótico desconcierto;
  • en este momento supremo en que todo se pone en tela de juicio y de todo se duda, hasta de la existencia de Dios y de nuestro yo inmortal, aparece providencialmente el Espiritismo hecho de todos los tiempos, con el doble carácter de ciencia de observación y de doctrina filosófica, sentando las bases de la religión del porvenir que ha de resolver todos los problemas hoy planteados.

Abriga esta seguridad el Espiritismo proclamando:

  • La Existencia de Dios.
  • Infinidad de mundos habitados.
  • Preexistencia y persistencia eterna del Espíritu.
  • Demostración experimental de la supervivencia del alma humana por la comunicación medianímica con los espíritus.
  • Infinidad de fases en la vida infinita de cada ser.
  • Recompensas y penas como consecuencia natural de los actos.
  • Progreso infinito.
  • Comunión universal de los seres.

Sí, ciertamente; con estos principios, el Espiritismo viene en el momento preciso ha abrir la era nueva de una transformación social y religiosa.

Pero a diferencia de las tradiciones religiosas que han mantenido a los pueblos en la servidumbre del pensamiento, el Espiritismo no admite más que las demostraciones por los hechos estudiados en sus causas y en sus efectos, y rechaza todo supernaturalismo:

Sometiendo sus principios al crisol de la razón, no impone ninguna especie de creencia, y por lo tanto no teme la discusión;

llama a los librepensadores imparciales y a los amantes de toda idea grande y generosa susceptible de transformar el actual estado social demostrando por medio de una creencia positiva, la imperiosa necesidad para todos indistintamente, de someterse a la ley de Solidaridad, que encierra los grandes principios de libertad, de igualdad y fraternidad.

La base de toda filosofía y de todo saber, resumida en la célebre inscripción del templo de Delfos, “conócete a ti mismo” es un problema resuelto con la contestación que el Espiritismo da a los tres eternos interrogantes:

¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿A dónde vamos? y la existencia de inmortalidad del yo espiritual, que las escuelas espiritualistas no han podido probar de una manera incontestable, por medio del razonamiento, merced a los fenómenos espiritistas es una verdad que puede ser ya positivamente demostrada, sin contestación posible, por los investigadores concienzudos.

Así el Espiritismo no dice: “cree” sino “estudia” y en esto fía su fuerza atractiva, y a eso debe sus inmensos progresos.

Ninguna escuela filosófica, ninguna doctrina religiosa alcanzó en tan poco tiempo el desarrollo y extraordinario crecimiento que ha tenido el Espiritismo.

Éste ha entrado en una fase de investigación científica con los trabajos de William Crookes, el célebre químico inglés de Sollner, y de Paul Gibier el eminente médico Francés, a quienes precedieron en la afirmación de la realidad de los fenómenos espiritistas distinguidos sabios; naturalistas como Alfredo Russell Wallace, físico y químico como Varley, y otros eminentes profesores; y astrónomos como Flammarion, genios como Víctor Hugo, y una pléyade de grandes literatos contemporáneos.

Con tan ilustre compañía, bien pueden soportar los espiritistas el calificativo de locos, que también se lo dieron sus contemporáneos a los más notables descubridores y a los grandes bienhechores de la humanidad.

De modo que, en el curso de los progresos del Espiritismo, los principios que proclama concluirán por ser aceptados como la expresión de la realidad porque la influencia de la Verdad, la Belleza y la Bondad de las cuales cada uno tenemos un destello por la esencia de donde hemos salido, tiende a evolucionar hacia la armonía que es el bien, objeto esencial de nuestra doctrina, la cual se impone a la razón como una verdadera ciencia, sin que pueda ser destruida por los sofismas de falsos sabios.

A medida que se extiendan las ideas que el Espiritismo da de la existencia de Dios y su justicia, y de las sucesivas existencias del alma, se verá como ha dicho un profundo pensador; que las impaciencias se calman, las ambiciones se entibian, las disidencias de los partidos se borran, los espíritus se reúnen para un fin común, con un mismo pensamiento, y la opinión pública tomará una fisonomía nueva, permitiendo llenar sus aspiraciones justas.

Entonces el ser humano, llevará con paciencia el destino que le toca en la Tierra, persuadido de que, por duro que sea, es una prueba que ha merecido, y que si la sufre con grandeza de ánimo y resignación durante los instantes de la vida planetaria, dará un gran paso adelante en la vida eterna.

Mirará con piedad al orgulloso de alma baja que explota o desprecia a sus semejantes, comprenderá que la justicia divina no puede ser completa aquí en la Tierra porque hay una vida eterna, y como consecuencia necesita de esto, resolverá con sentido justo y armónico el hoy, gravísimo problema social realizando el mejoramiento colectivo en virtud del mejoramiento individual, con cumplimiento del deber, libremente aceptado por impulso de la propia conciencia.

Tal ha de ser, el resultado de los progresos del Espiritismo, y para ello aparece, sin duda, providencialmente con sus caracteres actuales, moviendo a un tiempo la razón y el sentimiento, con el doble objetivo de impulsar al hombre a conocer y amar.

Sí; somos todos hijos del mismo Padre y todos nos hemos de tolerar unos a otros, proclamando y practicando la Solidaridad y la Fraternidad universal.

Para confundir a toda la humanidad, en el sentimiento de adoración a Dios y en el estrecho abrazo que simboliza la ley suprema de amor.

He aquí porqué yo siento inmensa satisfacción allí donde se propague el Espiritismo, y mi Espíritu emocionado tributa en estos momentos un afectuoso recuerdo de gratitud al inolvidable Kardec que nos legó una filosofía tan grande como luminosa suplicándole que desde esos mundos de luz donde mora, nos ayude a continuar su obra.

Y se lo tributemos también a toda esa pléyade de sabios escritores y escritoras que van difundiendo la luz de tan bello ideal, a quienes saludo con toda la efusión de mi alma.

¡Gloria a los bienhechores de la humanidad!

¡Gloria al Espiritismo!

Por Amalia Domingo Soler

Extraído del libro recopilatorio «La Luz del Camino»

Escrito por Amalia Domingo Soler

Amalia Domingo Soler

Amalia Domingo Soler (Sevilla, 10 de noviembre de 1835 – Barcelona, 29 de abril de 1909) fue una escritora y novelista española, y gran exponente del movimiento espiritista español por sus actuaciones de divulgación y médium psicógrafa. Nota de Zona Espírita: En este perfil se publican contenidos escritos por ella. Las partes subrayadas y resaltadas han sido realizadas por esta web.

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