¿Pecado o Error? ¿Una cuestión de Conciencia?

“Hasta donde podemos discernir, el único propósito de la existencia humana es encender una luz en la oscuridad del ser humano” (C.G. Jung, Erinnerungen, Träume, Gedanken)

Con este trabajo se pretende una mejor comprensión (“encender” un poco de luz, para transcender algunos conceptos ancestrales) de ciertos temas que forman parte de los arquetipos de la humanidad:

➢ PECADO

➢ ERROR

➢ PUNICION

➢ CASTIGO

Considerando que en la sociedad occidental predomina el paradigma católico, cuyos conceptos y valores penetran la ética y el comportamiento humano de esta sociedad, entendemos que es fundamental el análisis de nuestras creencias, desencadenantes de nuestro comportamiento.

Aunque inconscientemente, trabajamos con esta visión judeocristiana, cuyo concepto de pecar desencadena el juicio, la culpa y la punición a través del dolor.

Y dentro de esta visión de pecado y punición, muchos transforman el error y la insatisfacción existencial en caídas lamentables, con pocas oportunidades de alcanzar la plenitud y la felicidad espiritual…

La transformación del error en pecado produce sentimiento de culpa y de autopunición; así como de culto al dolor y de pago con autoflagelación.

Yo peco, me culpo, me condeno y me castigo, sufriendo terriblemente. Usted yerra, yo lo interpreto como pecado, juzgo, condeno y castigo; condenación que, muchas veces, lleva al individuo a la marginación y a la autodestrucción.

Sin embargo, se hace necesario analizar esta estructura compleja de creencias y sentimientos para que podamos realizar el cambio.

Es nuestro objetivo traer estas secuencias al nivel consciente; a fin de que, al reflejarlo, podamos transformar; de “yo peco, me culpo, me condeno, me castigo, sufriendo terriblemente” a “yo yerro, comprendo el error, y aprendo”

Al tomar conciencia del error, busco la reparación positivaacción productiva y benevolente. No repito más el mismo error, por tanto, crezco como ser humano.

De esta forma, en vez de culparme y castigarme, yo asumo la responsabilidad del error y realizo acciones constructivas de reparación.

Y si usted yerra, yo lo comprendo, yo lo respeto, no juzgo ni puno; y si es posible auxilio en la reconstrucción de si mismo y en la corrección de su error.

De esta forma, pasamos a actuar de forma más consciente, creciendo espiritualmente.

Se hace urgente educar sentimientos y renovar conceptos sobre los objetivos de la vida, adquiriendo así comprensión e intereses nuevos, en consonancia con nuestro actual estado de conciencia.

Es preciso transformar el acto de juzgar en solidaridad, la culpa en responsabilidad y la condena en comprensión de nosotros mismos; adquiriendo nuevos valores dentro de una propuesta de concienciación y construcción espiritual.

Para una mejor comprensión de este proceso, es necesario, de entrada, conceptuar error y pecado, observando las diferencias.

PECADO es un término comúnmente utilizado en el contexto religioso, describiendo cualquier desobediencia a la voluntad de Dios; en especial, cualquier desconsideración deliberada a las Leyes Divinas. Bajo la perspectiva católica (San Agustín), pecado es “una palabra, un acto o un deseo contrarios a la Ley eterna”, causando por eso ofensa a Dios y a su amor.

Para el judaísmo es la violación de un mandato divino, enseñando que el pecado es un acto y no un estado del ser. En estos casos, el concepto del término está vinculado a la comprensión de lo que sea la Ley Divina, los mandamientos divinos y la voluntad de Dios, variables de acuerdo con la religión abordada.

La noción de pecado prioriza la represión como sistema de cambio generando conflictos y no aceptación, con el consecuente sentimiento de culpa.

La culpa no renueva, restringe. No educa, limita. No yergue, destruye.

No proporciona paz, sino infelicidad.

ERROR, según el Diccionario Houaiss, es el desvío del camino considerado correcto, bueno, apropiado, pudiendo también ser definido como “la condición en que una acción planeada no alcanza el objetivo deseado”. Aquí nos parece que el concepto está vinculado a valores éticos y no religiosos, por lo tanto, más universales.

CAMBIO DE PARADIGMA “VE Y NO PEQUES MÁS” (Juan 8:11) Esta frase, atribuida a Jesús, siempre me pareció interesante y, de cierta forma, contradictoria en relación al infierno, a la punición, a la culpa y al pecado, condenas tan presentes en el contexto católico. Contrariamente a lo que se esperaba en este episodio, Jesús no juzga, no condena y menos aún, castiga a la mujer adúltera. Al contrario, la levanta del suelo y la orienta para continuar hacia adelante, sin repetir su actitud, su “pecado”. Ella está libre para recomenzar, vivir nuevas experienciasRehacer

Hoy entendemos la vida como una grandiosa oportunidad de aprendizaje en la búsqueda del conocimiento espiritual y del equilibrio interior.

Bajo esta óptica, creemos que, para Dios lo importante es que, ante el error, comprendamos que aquella conducta o actitud agrede, viola las Leyes Naturales, con la consecuente pérdida de la paz interior y de la felicidad, y que, en consecuencia, se hace necesario un cambio de dirección y de visión de la vida. Que puede ser hecho en la misma existencia o a través de la reencarnación – ejemplo sublime de reinicio y sucesión de oportunidades.

La propuesta Espírita es de aprendizaje y educación promoviendo la mejora, el progreso espiritual.

Este proceso no debe operarse a través de la represión en relación con lo que fuimos o de quién somos; pero si, a través del autoconocimiento sumergiéndonos en nosotros mismos, para que podamos comprender las razones de nuestro proceder.

Es tiempo de reconciliación con nuestro antiguo YO. De respetar y aprender de nuestra historia espiritual escrita a través de los tiempos, de las experiencias reencarnatorias.

Solamente comprendiendo que hoy somos la suma DE AQUELLO que fuimos ayer con lo que somos o ESTAMOS SIENDO ahora, podremos avanzar en la jornada en busca de la paz, del equilibrio y de la felicidad.

Es preciso aceptar la trayectoria y valorar el hoy, promoviendo la reconciliación con el pasado a través del reconocimiento de los errores y aciertos que nos trajeron hasta aquí. Esto es el aprendizaje…

Debemos trabajar el ajuste, la reconstrucción interior.

Como espíritus en aprendizaje y evolución, buscando el conocimiento de nosotros mismos y de la vida con sus leyes, con toda seguridad, y aún por mucho tiempo, cometeremos equivocaciones.

Sin embargo, será preciso comprender cada equivocación, pues la comprensión ampliará nuestra conciencia de vida, tornándonos aptos para alcanzar vuelos más altos.

La mejora íntima debe alcanzarse por el proceso de concienciación y no por los dolores derivados de culpa y conflictos interiores que desarrollan circuitos cerrados y perturban la vida mental.

La autopunición es el exceso resultante de la incomprensión o del desconocimiento de las Leyes de la Vida, generando desequilibrio del mundo emocional.

Esa forma inadecuada de reaccionar ante nuestros errores, frecuentemente desencadena consecuencias graves, a veces mayores que el mismo error en sí: frustración, angustia, sublevación, aflicción y depresión, consumiendo nuestra energía y nuestro tiempo de forma improductiva.

Solamente una nueva comprensión del existir podrá romper este encadenamiento de ideas y sentimientos causantes de tanto sufrimiento al hombre, tanto en el pasado como aún hoy…

La cuestión no es la de luchar contra nosotros, pero sí la de percibir lo que es necesario corregir, recuperar y cambiar. De reconocer que, si nos equivocamos mucho, también ya conquistamos mucho y corregimos.

Estamos en un proceso de reconocimiento y recuperación, identificando y trabajando nuestras tendencias e inclinaciones. La interpretación errónea del sufrimiento humano dio lugar al culto al dolor.

Se condicionó la idea de que sufrir es sinónimo de crecer, de rescatar y de cumplir. Se exaltó el dolor punitivo como instrumento de liberación y conquista espiritual. “Es el dolor que educa y que libera”! Decimos muchos de nosotros… Pero ¡el camino natural del progreso no es el dolor, es el conocimiento!

El dolor es, simplemente, consecuencia de nuestra ignorancia y de nuestra imperfección; y siendo así, por más que perdure, es un proceso temporal.

Proponemos educar en vez de reprimir.

Es preciso conocer hábitos y tendencias arraigados para educarnos, para transformarlos.

Y el autoconocimiento es un proceso arduo y largo que consiste en sumergirnos en nosotros mismos, sin enjuiciarnos, con respeto y con amor.

Es preciso rescatar en su totalidad quienes somos, para, y solamente entonces, iniciarnos en el trabajo educativo y transformador que cimentará nuestro progreso espiritual de forma definitiva.

LA ÉTICA DE LA COMPRENSIÓN Y LA ANTROPOÉTICA

La unión ética del individuo a la especie humana fue afirmada desde las civilizaciones de la antigüedad.

Fue el autor latino Terencio que, en el siglo II AC, decía, por intermedio de uno de los personajes de “el hombre que se castiga a sí mismo: Homo sum, humani nihii a me alienum uto” (SOY HOMBRE, NADA DE LO QUE ES HUMANO ME ES EXTRAÑO) Terencio.

Como propuesta para cambios elegimos a Edgar Morín, en su libro “Los Siete Saberes necesarios a la Educación del Futuro” en el que defiende la Ética de la comprensión y la Antropoética, argumentando que:

➢ La educación del futuro deberá ser la enseñanza primera y universal, centrada en la condición humana.

Interrogar nuestra condición humana, implica cuestionar de entrada nuestra posición en el mundo. Conocer el humano, es, ante todo, situarlo en el universo y no separarlo de él.

Enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad, pasa por la identificación entre las mismas.

➢ La ética de la comprensión es la ética de la era planetaria.

➢ Es el arte de vivir que pide, en primer lugar, comprender de modo desinteresado. Exige un gran esfuerzo, pues no puede esperar ninguna reciprocidad.

➢ La ética de la comprensión pide que se comprenda la incomprensión.

➢ La interiorización de la tolerancia requiere convicción, fe, elección ética y, al mismo tiempo, aceptación de la expresión de las ideas, de convicciones, de elecciones contrarias a las nuestras.

La tolerancia supone sufrimiento al soportar la expresión de ideas negativas o nefastas, según nuestra opinión, y exige la voluntad de asumir este sufrimiento.

La Antropoética presupone la decisión consciente y esclarecida de:

Asumir la condición humana individuo/sociedad/especie en la complejidad de nuestro ser.

Alcanzar la humanidad en nosotros mismos y en nuestra conciencia personal.

Asumir el destino humano en sus antinomias y plenitud

➢ La Antropoética nos instruye para asumir la misión antropológica del milenio.

➢ Trabajar para la humanización de la humanidad.

➢ Efectuar el doble pilotaje del planeta: obedecer a la vida, guiar la vida y alcanzar la unidad planetaria en la diversidad.

Respetar en el otro, a la vez, la diferencia y la identidad con relación a si mismo.

Desarrollar la ética de la comprensión.

Enseñar la ética del género humano.

Convoco a todos para que luchemos por nuestra humanidad siendo humanos para con nosotros y para con el prójimo, ejerciendo la Antropoética y cambiando así la forma por la cual conquistaremos la paz espiritual tan anhelada.

Por María Cristina Zaina – Brasil

Traducción al español publicada en la revista Evolución. Venezuela Espírita. Revista del Movimiento de Cultura Espírita CIMA. 2ª Etapa. Nº2. May / Ago 2018 

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