Movimiento espírita español: perfilando un nuevo enfoque

PS_20150622160950A pesar de las (evidentes) metas y objetivos conseguidos en la última década, principalmente por parte de los centros y entidades federativas, si observamos desapasionadamente y en perspectiva todo el movimiento espiritista de nuestro país, comprobaremos que se desprende una carencia específica (y no nos referimos a las pequeñas o grandes cosas que siempre quedan por mejorar, como en toda organización humana), oriunda de la necesidad de convergir en un mismo modelo de base, pues el que tenemos, a nuestro juicio, presenta carencias de conjunto, de personalidad… de actitud.

Estas carencias no son las que suelen desprenderse cuando sus componentes tienen maneras diferentes de ver las cosas, sino más bien lo contrario; la aceptación acomodadicia de un modelo al que nos hemos acostumbrado pero que es francamente mejorable… y no porque este modelo sea malo, sino porque no es el molde más apropiado (en términos de coherencia) a nuestra estructura historico-social y cultural.

Si deseamos contribuir (desde nuestras posibilidades) a que las personas y colectivos que aún no conocen el Espiritismo estén más receptivos a lo espiritual, y en concreto desde lo que nos ofrece la doctrina espírita, debemos de hacerlo como es lógico desde dentro del mismo molde cultural, no desde otros foráneos, por dignos que estos sean…

Las expectativas no terminan de quedar solventadas, a pesar de los esfuerzos y las buenas intenciones, si nuestro modelo de actuación es el que se vivencia en Brasil por parte de nuestros hermanos espíritas (vivencia que respetamos y reconocemos, pero que está alejada de nuestro sentir de base como cultura hispano europea).
Incuestionablemente, tanto para una mejor organización y dinamización internas como para una divulgación externa de más calado, los espíritas españoles precisamos elaborar un modelo propio.

El patrón estructural y educacional de evidentes matices evangélico-catequistas no va a encontrar en el territorio español más difusión que la de los reducidos núcleos simpáticos a este modelo o en contacto más directo con compañeros de Brasil, pero estará distante de la difusión mayor que podría alcanzarse.

En España, por mucho que nos esforcemos, y por trayectoria y marcas histórico-sociales específicas, el Espiritismo no va a expandirse por lo religioso…, de hacerlo, lo hará por lo filosófico-espiritual. Esto es indudable, a poco que reflexionemos con imparcialidad y lógica natural.

A pesar de lo expuesto, aquellos que piensan que la solución es la propuesta antirreligiosa, también estarán avocados al fracaso pues, doctrinariamente hablando, el Espiritismo es cristiano en su moral, por mucho que esto pese a ciertos nucleos de influenciación más “cientifista” que espiritista.

Debemos ir más allá tanto de las simpatías particulares de un país a otro como de los personalismos, si deseamos lograr la lucidez necesaria que se requerirá a la hora de especificar un modelo cultural propio. Por muy bien que nos llevemos con nuestros compañeros brasileños y por mucho que les reconozcamos su (por otra parte innegable) ayuda e inspiración al despertar de nuestro movimiento en estas dos últimas décadas, las cosas no deben quedarse tal como están, deben evolucionar… Que sean buenas no significa que sean las más adecuadas, las más deseables.

Este modelo se enfocaría, primeramente, en las bases delineadas por Kardec y las avanzadillas luminosas de la primera hora: Denis, Amalia, Vives.. aunque sin dejar de considerar obras más contemporáneas como la serie de Andre Luiz. Este modelo cuidaría tanto de la integridad doctrinaria (desviaciones del mensaje original que promulguen interpretaciones peregrinas, mezcolanzas innecesarias y aplicaciones erróneas) como de tender lazos y experiencias con Brasil y otros países, en alas de la convivencia intercultural y los llamados de la fraternidad a los que nunca podremos renunciar como espíritas que somos.

Hay por delante una labor de “rebobinaje” (de precisión y adecuación estructurales) del movimiento espiritista en nuestro país, para elaborar un esquema organizativo afin a nuestra cultura y devenir histórico. Quien sabe si le cabe a España ser un modelo racional y moral, un puente entre lo religioso y lo meramente científico… Si nos movilizamos desde la humildad, la unión laboriosa y el respeto a las bases doctrinarias, esto y más será posible.

Busquemos esa “subordinación” imprescindible, pero no a un jefe, a una institución, a un médium ejemplar o a un país, sino sobretodo a una idea: la del Consolador prometido, materializado en la primavera de 1857.

Suena la hora de trazar nuevos rumbos, pero con coherencia y humildad verdaderas; plantearnos otro tipo de organización más allá de los contenidos culturales brasileños, por respetables y dignos que estos sean y por todo lo que nos han aportado (como ya hemos dicho antes).

No continuemos dejándonos llevar por los personalismos (sean estos oriundos de una comodidad “domesticada”, de la presunción o la falta de conocimiento), y tomemos todos la antorcha del mensaje y sentimiento espírita original que tantas luces dio en nuestro país.

Paz, amor y trabajo.

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Escrito por Lumen

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