Hablar de Oído o Hablar con Sentido

11156269_10153036317224232_8339698652776163341_nDebe ser propio de la naturaleza humana, el estar en un entramado y hablar con la misma jerga, mismos giros y expresiones, que los ahí concurridos, es el deseo inconsciente de pertenecer a un grupo. De buscar ser parte de la masa. Es nuestro miedo a ser auténticos, veraces, a sentir lo que de verdad sentimos y ser consecuentes con ello.

Ocurre muchas veces, que ciertos argumentos son repetidos hasta la saciedad, engullidos, no sentidos, y trasmitidos como una regla monástica, que hay que acatar. No es el problema lo dicho en sí, sino toda la paralingüística que acompaña al acto, la falta de vitalidad y auténtica convicción en lo dicho. Se tiene convicción en la figura de autoridad que lo ha trasmitido, pero no en lo dicho. Nos sorprenderíamos si fuéramos conscientes de muchas de las cosas que damos por ciertas no lo son, los heurísticos, atajos mentales que nos permiten continuar sin mayor dilación el día a día.

Hablar de oído es lo que muchas veces siento yo entre algunos adeptos a ciertas ideas, en este caso Espiritismo. Oyen campanas y las reproducen, pero en realidad no saben, hablan sin estar formados de lo que hablan.

Por ejemplo, tomar la famosa retahíla de investigadores y científicos que prueban los hechos paranormales, y decir que muchos son espíritas convencidos. Hay una intención de barrer para casa, que cualquiera que sale del primero deslumbramiento, hace que toda noción seria se pierda de inmediato. Por desgracia no somos amantes a los matices, y la mentalidad mitológica como seres humanos nos fascina, nos embriaga, y toda explicación con un héroe y unos hechos a batir nos exaltan el sentimiento, haciéndonos copartícipes de los hechos, desde la barrera claro.

Digo todo esto, porque yo he leído comparar a Carol Bowman como una gran prueba de la existencia de la reencarnación, cuando dicha señora no es científica, sino lo que se diría una persona aplicada en la búsqueda de unas verdades, que tuvo la suerte de estar en contacto con Ian Stevenson, pionero en las investigaciones de “casos que sugieren reencarnación” el cual no afirma que ello sea así, sino que ello se apunta como una hipótesis. O mencionar a B. Weiss como otro adalid del descubrimiento del alma, cuando en las regresiones, ni él es pionero, podemos recordar a A. de Rochas, ni tampoco tan esclarecedor. Es un método terapéutico, todavía ignoramos mucho acerca de la psique humana, y la iatrogenia (fabulación) no es siempre descartable; porque una cosa es que terapéuticamente sea un método efectivo, otra que pruebe la reencarnación o la existencia del alma humana. Más serios son los trabajos del doctor Moody sobre las experiencias cercanas a la muerte.

Todos estos trabajos son dignos de tener en cuenta porque ayudan a un tipo de investigación que ante todo pone en entredicho el paradigma actual de la ciencia, que lo postula todo a la materia, dejando fuera esta “materia radiante” que puede desvelar muchas más cosas, y entroncar con muchas de las ideas que de algún modo ya fueron formuladas por las religiones o filosofías místicas.

El problema es tomar, no discernir, y como lecho de Procusto hacerlo encajar todo en lo mismo, en las ideas preconcebidas que uno ya trae de casa. En el modo en que uno ha comprendido, en este caso, la doctrina espírita, sin dejar lugar a una comprensión abierta de los fenómenos, lo cual sirve para comprender mejor la codificación y que se abran sus propios significados que muchas veces yacen encubiertos entre líneas, lo contrario es mostrar honda desconfianza hacia la obra codificada, y no salir de los presupuestos que en su día eran los más actuales.

Hablar con sentido, es sentir que se dice, comprenderlo, aceptarlo, no imponerlo; vivirlo. Ser feliz con ello, dejar fluir y fluir. No aceptar las imposiciones de morales pretéritas que poco o nada tienen que ver con la nueva concepción de la espiritualidad, vivir de corazón, sentirlo; éste no engaña. No ir con un lenguaje aprendido, y con unas acciones premeditadas. Vivir también es equivocarse y es lícito. Ayudarse, apoyarse. Y cuando tal apoyo no existe, mirar al cielo y saber que “ellos” están ahí, no nos abandonan y nos instan a que nos levantemos con nuestras propias energías, antes de tener que insuflarnos ningún tipo de aliento, porque somos capaces de ello, y nuestro avanzar espiritual depende de esa energía interior. No del plañidero canto al cielo que no cesa de pedir consuelo y ayuda, como si fuéramos niños. Éste consuelo va con nosotros desde el momento en que sentimos las verdades redivivas que nos ofrece la doctrina de los espíritus, y su mano no ha de cesar de estar a nuestro lado. Por lo que como hombres y mujeres “hechos y derechos” hemos de acometer nuestro día a día, escuchando la conciencia de nuestros actos, y sintiendo que lo que hacemos nace de nosotros, no de un mandato externo.

Blog de J.G.L. en Zona Espírita

Escrito por J.G.L.

J.G.L.

Usuario registrado en Zona Espírita.
Licenciado en Psicología. Formado en Terapia Humanista Gestalt.

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