De Lobos y de Obejas: El Gran Mal

Los espíritas: tú, yo o cualquiera, conocido o desconocido, podemos ser tanto dignos valedores del mensaje espiritista, como sutiles piedras en el camino del mismo (especialmente cuando se expande con virulencia ciertas situaciones de polémica y egocentrismo, observamos como algunos reaccionan como auténticos y explicitos destructores)… Esto es así, aunque nuestra vanidad no lo acepte, distraída y ocupada en los problemas “evolutivos” de los demás.

Esto atañe especialmente a todos los comprometidos con grupos de estudio, divulgación o federaciones; descartando, obviamente, a los ‘lobos solitarios’ (aquellos que prefieren la cómoda seguridad de su individualismo aislante).

En períodos de crisis, no es raro encontrar en los centros y las federaciones, como espiritas que se creen dignísimos trabajadores del bien, en realidad se dedican a la “evangélica” actividad de la injuria y la intriga, derribando los puentes que debieran unir los corazones, incapaces de convivir o soportar opiniones diferentes a las suyas, echando por tierra valiosísima oportunidades de servicio y crecimiento.

Espíritas sobradamente preparados en lo doctrinario que se ensalzan tan alto que terminan alejándose del Espiritismo, y cuya testarudez y presunción les lleva a trabajar más por la supremacía de su personalismo que por el bien general o el interés de la doctrina…

Son los que en determinantes períodos de pruebas, movilizan laboriosos todas las acciones a su alcance para mantener bien en alto sus intereses, olvidando que todo período convulsivo es para acercar posturas, ¡para empequeñecernos! …y que brille por encima de todo el mensaje espírita.

Al finalizar esta etapa de vida, casi con toda probabilidad, lo que determinará nuestro logro como espíritas (o nuestro fracaso), serán todas aquellas veces que hemos sido pacificadores en tiempos de tensión y vanidad humana, todas aquellas ocasiones en que hemos colaborado para la unión y para que prevalezca el Espiritismo por encima de los personalismos.

Que duda cabe que, aparte de estos que así se comportan alimentando activamente las confrontaciones, están aquellos que sin ser parte activa nada hacen por evitarlas…hablamos de las “ovejas mansas”; aquellos que por temor a señalarse, miedo a mojarse o por un mal concepto de caridad, callan y permanecen en su (evangélica) zona de confort. Estos, aunque en menor grado, también son obstaculizadores.

Erradicar ese, invisible tal vez pero nocivo enemigo, que dormita entre las marañas de nuestro ego, sólo es posible si:

1) Nos reconocemos como falibles e imperfectos.

2) No lo alimentamos con el combustible de los personalismos.

3) Nos preocupamos por sintonizar sólo con lo que es noble, útil e integrador.

Cierto es que el tiempo se encarga de colocar todo en su lugar, pero mientras tanto, seamos irradiadores menores del espíritu de Verdad, y no vanos obstaculizadores…

Por Lumen, para ZonaEspírita.com

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