¿Es el Resentimiento un Disturbio del Alma?

Las desigualdades en el orden social, político y económico, las ofensas, la desvalorización del ser humano, se encuentran desde tiempos remotos entre las principales causas del arraigo en las profundidades del ser, de una de las más letales armas que posee el individuo para destruirse él y cuanto le rodea: el resentimiento.

Aunque siempre injustificable porque nada puede argumentarse para defender actos innobles contra el prójimo, ni siquiera la reciprocidad de la acción, los conocimientos espíritas nos colocan en capacidad de comprender a quienes suele llamarse los desheredados de la tierra, a los que sufren, subyuga la miseria, el hambre y atraviesan la mayor adversidad, entendiendo esto siempre, desde el punto de vista que plantea el espiritismo en sus principios básicos, la supervivencia del alma y la pluralidad de existencias para alcanzar el perfeccionamiento.

En cuanto a los hombres se pregunta León Denis:

¿Se reflexiona lo suficiente en los malos ejemplos que les rodean desde la infancia?

Las necesidades de la vida, las necesidades imperiosas de todos los días les imponen una tarea ruda y absorbente.

No tienen tiempo, no tienen ocasión de ocuparse de sus inteligencias.

Las dulzuras del estudio y los goces del arte le son desconocidos.

¿Qué saben ellos de las leyes morales, de su destino, de los resortes del Universo?

Pocos rayos consoladores se deslizan por estas tinieblas.

Para ellos la lucha feroz contra la necesidad es de todos los instantes.

La falta de trabajo, la enfermedad y la negra miseria los hostigan sin cesar.

¿Qué carácter no se agriaría en medio de tantos males?

Para soportarlos con resignación se necesita un verdadero estoicismo, una fuerza del alma que es tanto más admirable cuanto que es más bien instintiva que razonada.

Sin embargo, encontramos al resentimiento presente en todos los estratos sociales, en personas de diversas profesiones, razas, credos, sin distinciones, vibrando en la misma franja, enquistado en lo más íntimo y siendo el justificativo de las mayores atrocidades.

En nombre de la igualdad y justicia social somos testigos diariamente de que se dominan conciencias, sistemáticamente se promueve el odio entre hermanos, se tiraniza a los pueblos, se abren aún más las heridas que eternizan diferencias, la psiquis individual y colectiva es sometida permanentemente al ultraje.

Lo observado y escuchado en el acontecer diario se convierte sin darse cuenta en un automatismo, que pasa sin mayor razonamiento a dormitar en lo profundo del inconsciente, pero en cada acción se exterioriza el producto del resentimiento albergado.

Todos en algunas ocasiones de nuestras múltiples existencias hemos sido objeto de ofensas, violación a nuestros derechos, actos degradantes, de un trato indigno, pero ¿por qué interiorizar ese veneno que corroe el alma y con toda seguridad enferma tanto el cuerpo biológico como el espíritu, si ante este vasto universo de infinitas posibilidades, somos lo diminuto, lo humano? o ¿es que nuestro ego herido tiene derecho de infringir tanto dolor o más del que hemos recibido?

Quien tiene conductas inapropiadas como las antes referidas, con toda seguridad es responsable de sus actos y tendrá las consecuencias propias de su falta.

Contribuye en algo, sentir y volver a sentir, momentos dolorosos que no fueron tal vez expresados en su momento, quedarnos enganchados en situaciones conflictivas, en una onda mental enferma, que no solo nos desarmoniza, desequilibra, sino que ha sido y es el detonante de guerras, asesinatos, genocidios, dictaduras, devastación y crueldad.

No avalamos la injusticia desde ningún punto de vista, la rechazamos contundentemente y trabajamos cada quien en el espacio en que se desenvuelve por el surgimiento de mejores condiciones para todos los ciudadanos del mundo, pero ¿hemos revisado conscientemente que esas actuaciones estén desprovistas de algún resentimiento o internamente la vehemencia delirante, el apasionamiento desproporcionado, el extremismo en la defensa de una u otra posición, es producto del mismo?

Buda, Confucio, Jesús y todos los grandes maestros que ha tenido la humanidad, nos hablan del recto pensar, sentir y actuar, de la moderación y el desarrollo necesario de la comprensión.

A la luz de la verdad;

¿estamos movidos únicamente por esas orientaciones?

¿Somos capaces de evaluar con imparcialidad y respeto las ideas adversas, sin imponer nuestra visión y aceptar con serenidad un resultado distinto a la convicción que tenemos, sin que esto nos lesione a lo interno?

El Espiritismo utiliza los recursos de la ciencia, de la psicología humanista y transpersonal, con sus avances en el estudio del comportamiento humano, al sugerir el uso de un conjunto de herramientas y terapias entre las que se encuentran: estados modificados de conciencia, introspección, biodecodificación, psiconeuro-inmunología, regresiones, programación neurolingüística, gestalt, método rogeriano, entre otras, que permiten identificar, trabajar y cambiar en la estructura psicológica de los individuos resentidos: creencias, pensamientos, sentimientos, emociones, de las que comúnmente no son conscientes, desconocen igualmente la profundidad de sus raíces y que al manifestarse priva en ellos conductas donde están presentes el rencor, la rabia, odio, venganza, la defensa a ultranza de posiciones o situaciones en las que el radicalismo es su más fiel expresión..

¡Es necesario sanar el alma!

La ley de igualdad planteada por los espíritus a Kardec nos reafirma que todos los hombres estamos sometidos a las mismas leyes.

La reencarnación, el libre arbitrio y la ley de evolución explican a la luz de la razón el origen de las diferencias así como también el porqué de la diversidad de aptitudes que han sido desarrolladas por el espíritu en su proceso palingenésico.

Plenamente identificada con la igualdad de oportunidades, es nuestra responsabilidad

  • incentivar la participación, la integración indistintamente de los ideales, razas, creencias o posiciones sociales;
  • la unión de los ciudadanos en torno a valores positivos: el trabajo, el estudio, las libertades;
  • el desarrollo de sentimientos altruistas, compasivos, amorosos;
  • el involucrarnos en actividades que fomenten la dignificación del ser humano;
  • potenciar las facultades del espíritu desde las edades más tempranas e indiscutiblemente acrecentar la capacidad de olvidar realmente y perdonar como únicos medios para desarraigar del alma ese germen aniquilador del ser integral que es el resentimiento, para así pasar de la sociedad que tenemos a la sociedad que queremos.

Por Yolanda Clavijo

Publicado en la revista Evolución. Venezuela Espírita. Revista de Cultura Espírita. Movimiento de Cultura Espírita CIMA. Ene / Abr 2018

Escrito por Colaboraciones

Colaboraciones

Bajo este perfil se publican escritos, publicaciones o extracciones de autores puntuales o anónimos. En el caso de que esté firmado se publicarán los datos del autor/a al final de cada artículo y/o texto.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.