¿Qué significa ser Espírita?

En más de una ocasión hemos leído una frase llena de significado, presentada por León Denis: “El Espiritismo será lo que los espiritistas hagan de él”.

Frase emblemática, cargada de dinamismo y responsabilidad al enfatizar el papel activo que desempeña el propio espiritista en el desarrollo y el curso que ha de darle a esta filosofía.

Los grandes pioneros y pensadores han sentado las bases de sus doctrinas, tal como lo hizo Kardec con el Espiritismo.

Cabe a los continuadores cuidar, alimentar y desarrollar esa semilla que ha sido sembrada con todos los elementos esenciales.

Pero, ¿cuántos han sucumbido en esa tarea, provocando el estatismo y la deformación?

Por lo general se ha definido al espiritista en función de su aceptación a los principios doctrinarios, pero ¿qué significa ser espiritista? ¿cómo es su concepción del mundo y de la vida?

Parece difícil hacer una generalización porque cada individualidad tiene sus propios criterios y puntos de interés doctrinario, además, algunos se inclinan mayormente por el tema filosófico, otros el científico, hay quienes por el moral o el social; no obstante, sea uno o el otro, hay aspectos esenciales que lo distinguen como tal y que es necesario reconsiderar, porque no siempre es lo mismo decirse espiritista que serlo.

A veces se piensa que para ser espiritista basta con creer en las manifestaciones de los espíritus; eso no es suficiente, porque hay muchos que aún sin ser espiritistas tienen esa creencia.

Ser espiritista es más que eso, comprende la identificación plena y la aplicación de los principios espíritas íntegramente desarrollados en las obras de su fundador, Allan Kardec: Existencia de Dios, inmortalidad del alma, reencarnación, mediumnidad, pluralidad de mundos habitados, evolución continua

Todos estos principios bien comprendidos e interpretados van modelando en el individuo una visión espiritual, holística y trascendente de la vida, que le permite vivir en armonía consigo mismo y con lo que le rodea.

A continuación, describiremos algunas de las cualidades que a nuestro parecer son esenciales:

Es humilde. Como individuo reconoce que es un espíritu en vías de progreso, haciendo todo su esfuerzo en corregir sus imperfecciones, ya que sabe que siempre hay algo por mejorar.

Está consciente que no está en la cúspide, ni es más que los demás, sino va gradualmente avanzando en esa escala de progreso espiritual a través de sus esfuerzos por ser mejor.

Al respecto el reconocido escritor Ralph Waldo Emerson lo expresa de la siguiente manera: “Todo hombre que conozco es superior a mí en algún sentido, en ese sentido aprendo de él”.

En el campo del conocimiento, para el espírita la verdad es un concepto que se construye día a día, puesto que no tenemos verdades definitivas, sólo aproximaciones.

Por eso no se vanagloria, ni cae en la arrogancia de pensar que tiene toda la verdad en sus manos.

El propio Kardec dejó con tinta indeleble este gran pensamiento:

“El Espiritismo, marchando con el progreso, nunca se verá superado, porque si nuevos conocimientos le demostraran que está equivocado en un punto dado, se modificará en ese punto, y su una nueva verdad se revelara, la aceptaría”.

Aplica el juicio crítico.

Todo cuanto estudia lo analiza y compara.

No es un agente pasivo y reactivo que todo lo absorbe, lo acepta y lo cree, sino al contrario, cuestiona.

Por eso Kardec de manera ejemplar expresó: no os dejéis engañar, es mejor rechazar nueve verdades que aceptar una mentira.

El delicado campo de la mediumnidad, por su misma naturaleza, requiere de un cuidado especial por todos los elementos involucrados en el proceso.

El juicio crítico es un buen antídoto para evitar caer en cualquier tipo de superchería de la que se aprovechan supuestos médiums.

A manera de ejemplo, y con un tinte de buen humor, transcribimos un relato que recibimos a través de las redes sociales de cómo la credulidad ciega es capaz de producir temor “Hoy fui a al entierro del papá de una amiga; según la religión de ellos, llevan al cementerio una vidente para saber quién va a ser el próximo en morir. Una vez allí la vidente se concentró y dijo que el primero que saliera del cementerio iba a morir esta semana. Aquí estamos todavía en el panteón… ¡¡¡Todos!!! Hemos pedido pizza, refresco y café; hay gente jugando dominó, ajedrez y damas, nadie ha salido. ¡¡¡Ni siquiera la vidente!!!”

El factor miedo, la intimidación, el engaño, el egocentrismo, etc., suelen ser elementos que son anulados cuando se tiene un buen criterio y un juicio crítico de las cosas.

Es solidario. Comprende que la vida presenta diferentes matices y circunstancias, y que nada es permanente. Que no solo existe, sino coexiste.

Reconoce que muchos tienen lo que a otros les falta, y en ese proceso de intercambio y de apoyo mutuo el espíritu se sensibiliza y progresa.

Por eso para el espírita la vida en sociedad ocupa un lugar importante.

El auténtico espírita no es indiferente a las injusticias sociales, a la pobreza y al sufrimiento de sus semejantes. Porque dichos males no son producto de la ejecución de un plan divino, ni un castigo por errores cometidos en vidas pasadas que debe cumplirse fatalmente.

Sería incoherente enaltecer los valores morales y espirituales por un lado, y ser indiferentes a esta problemática por el otro.

Para el espírita sensato y humanista, en concordancia con Kardec, los problemas sociales son provocados por los hombres, y corresponde a los hombres el deber de corregirlos.

Es un librepensador. Una de las cosas más gratificantes en la vida, es la posibilidad de sentir la libertad de pensar, y más aún, en compañía de una doctrina que estimula el ejercicio de ese valor.

El espiritista librepensador, no se sujeta a determinismos ideológicos, ni se esclaviza a dogmas que, en vez de liberar al hombre de sus imperfecciones, lo ata y limita en su proceso de crecimiento espiritual.

La libertad da la posibilidad de descubrir los tesoros del conocimiento e impulsa al espíritu hacia una evolución consciente.

Posee una visión laica. Por naturaleza, el espiritismo es laico.

No se requiere de dogmas, rituales, ni ceremonias para comprender las profundidades de la espiritualidad.

Si su pensamiento se extiende a todo el que desee conocerlo no tiene sesgo hacia ninguna religión.

Para muchas personas es difícil separar lo espiritual de lo religioso, piensan que sin religión no hay espiritualidad, pero un ejemplo claro es la filosofía espírita que no necesita de formas exteriores ni de simbolismos para llegar a la conciencia y a la concepción cósmica de Dios.

León Denis, continuador de Allan Kardec, con la belleza literaria que le caracteriza escribe:

“El Espiritismo no dogmatiza; no es una secta ni una ortodoxia. Es una filosofía viva, patente en todos los espíritus libres y que progresa por evolución. No hace imposiciones de orden alguno; propone, y lo que propone se apoya en casos de experiencia y pruebas morales…”

Por Daniel Torres – Guatemala

Publicado en la revista Evolución. Venezuela Espírita. Revista de Cultura Espírita. 2ª Etapa. Nº2. Mayo / Agosto 2018

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