Primeras Inquietudes: “El Ser y su paso por los tres Reinos”

Hace poco más de un año terminé la lectura del Libro de los Espíritus, la emoción de empezar el libro, su desarrollo durante las semanas en las que lo iba avanzando y finalmente cuando lo acabé fue inexplicable.

Todo me encajaba, todo me resultaba razonable y todo aclaraba aquello que siempre me había preguntado, le busqué el fallo, le busqué el error y no se lo encontré, excepto el capítulo dedicado a los duelos, si nos situamos en la época en la que se escribió es muy normal que a Kardec le preocupase el tema y lo reflejase en la obra.

Así que como no encontraba por donde erraba llegué a la conclusión que todo era verdad tal como el espíritu revelador “La Verdad” se autodenominó.

Ahora bien hay algunas cuestiones del libro que si bien yo las considero reales y verdaderas, creo en mi modesta opinión que a Kardec no le dió tiempo de desmenuzarlas y que aún hoy siguen creando controversia, son temas tabú de los cuales es mejor alejarse y pasar de puntillas, bajo pena seas convertido en una especie de espírita al margen.

Como manifesté anteriormente este tema no está falto de credibilidad sino que por su falta de extensión crea en mi y pienso que a los demás también una especie de enigma. Tal vez a Kardec si le dio tiempo de despejarlo, pero el tenía tantas y tantas preguntas y temas que resolver que centrarse en uno y desmenuzarlo podía suponer demasiada ralentización.

La cuestión que quiero abordar en este mi primer artículo, es referente al paso del Ser por los diversos reinos de la naturaleza tanto en el plano espiritual como en el físico y sé de buena tinta que no es un tema que le guste de ser analizado por los espíritas doctrinarios, de hecho yo mismo he comprobado como cuando inocentemente con educación y respeto he referido el tema en círculos oficiales he estado a punto de ser expulsado de la sala, lamentablemente mis hermanos espíritas doctrinarios no admiten análisis y ven en ello un ataque a la doctrina, que precisamente germinó a través de Allan Kardec un analista, metodista y escéptico.

Centrándome directamente en el tema empiezo por la fuente en el libro segundo capítulo XI del Libro de los Espíritus referente a los Tres Reinos “Los minerales y las plantas • Los animales y el hombre • Metempsicosis”.

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Ante la pregunta 585
¿Qué pensáis acerca de la división de la naturaleza en tres reinos, o bien en dos clases: la de los seres orgánicos y la de los seres inorgánicos? Algunos consideran que la especie humana es una cuarta clase. ¿Cuál de esas divisiones es preferible?
La Verdad responde:
“Todas son buenas, ya que dependen de diferentes puntos de vista. En el aspecto material sólo hay seres orgánicos e inorgánicos. En cambio, desde el punto de vista moral existen, evidentemente, cuatro grados.”

Esos cuatro grados tienen, en efecto, caracteres precisos, aunque sus límites parezcan confundirse. La materia inerte, que constituye el reino mineral, sólo tiene en sí una fuerza mecánica. Las plantas, compuestas de materia inerte, se hallan dotadas de vitalidad. Los animales, compuestos de materia inerte y dotados de vitalidad, tienen además una especie de inteligencia instintiva, limitada, con conciencia de su existencia y de su individualidad. El hombre, que tiene cuanto hay en las plantas y en los animales, domina a las otras clases por medio de una inteligencia especial, ilimitada, que le da la conciencia de su porvenir, la percepción de las cosas extra materiales y el conocimiento de Dios.

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Desde mi prisma y en concordancia con el Libro, el Ser empieza su existencia de forma inorgánica y a todos los efectos inerte, carente de vitalidad y sin ningún tipo de inteligencia sea rudimentaria, intuitiva o con conciencia, puede ser una roca o una montaña, una molécula de agua o un lago, un meteorito o un cometa, desconocemos cual es su dimensión y volumen.

Paso siguiente, Dios insufla en el Ser el principio de la vida orgánica en el reino vegetal con una forma muy rudimentaria de vida basada en las impresiones del ambiente o si se quiere por una intuición puramente mecánica, puede ser una brizna de césped o una pradera, un arbusto o un bosque, desconocemos su dimensión y su proporción lo mismo que su volumen.

En el paso siguiente, Dios insufla en el Ser el principio de la intuición animal, forma de inteligencia muy básica pero eficaz que ya no se mueve solo por impresiones si no que asume la improvisación espontánea de la que carece el vegetal, es la insuflación en el Ser de la conciencia limitada y puede ser una célula o una hormiga, una langosta o una gaviota, una araña o un cocodrilo aun así la proporcionalidad y el número de seres sigue siendo exagerada debido a su pequeño volumen.

Gradualmente la conciencia limitada animal va haciéndose más y más compleja como ocurre en los animales superiores como el caballo, el perro, el gato, el gorila, el oso, el león, etc .. estos se mueven por la suma de las impresiones, la intuición, la conciencia limitada, la improvisación y además se les suman las emociones, pueden llorar, reír, comunicarse con gestos o enfadarse, siendo muy sensibles a la psicoesfera de su círculo inmediato, son Seres con conocimiento de su individualidad, siendo por fín de una proporcionalidad, tamaño y volumen adecuado a lo que viene después, que es el Ser con conciencia ilimitada.

Los animales superiores, son la antesala del hombre primitivo, el cual ya es un Ser que reconoce el valor de sus actos y por tanto se reconoce así mismo en ellos, que tiene una proporcionalidad y volumen exclusivo de un sujeto, siendo el hombre primitivo el primer estadio de el Ser con conciencia ilimitada o netamente espíritu del hombre, a partir del cual empieza su íntima aventura de reforma interior.

Se perfectamente que mis hermanos espíritas doctrinarios van a pensar, ¡qué importa el volumen o la proporción del Ser en los primeros estadios existenciales! ¡Lo que realmente importa es la reforma interior a través de la caridad y el amor! Y efectivamente no les faltara razón.

Este articulo no es de especial relevancia como espiritista que busca su transformación moral y el camino hacia el bien, realmente no lo es.  ¿Pero debemos por ello dejar de analizar esta cuestión? ¿Que no sea relevante en nuestro desarrollo moral le quita interés aunque solo sea por despejar una cuestión en la cual existe el enigma? ¿La memoria de lo que fuimos antes de ser Seres con conciencia no es importante?

Esa memoria está aun latente en nuestra personalidad, es imposible que cada ser pasase por todas las especies animales, vegetales y elementos minerales, por que estaríamos hablando de billones con b.

Cada Ser tuvo que pasar por unos elementos y especies específicas, cada Ser tuvo que copiar en su memoria esas vivencias que conforman parte de su personalidad actual, por lo cual nos resultan más simpáticos unos animales que otros, unos árboles que otros, unos climas y paisajes que otros.

Ya no solo por que en nuestras existencias como seres con conciencia hemos tenido más relación con unos animales que con otros, con unos árboles y con unos climas que con otros, es que nosotros mismos en nuestros primeros estadios como Ser fuimos esos minerales, esos árboles o esos animales.

Ahora bien, es ahí donde está el enigma ¿en que dimensión y en que proporcionalidad nos formamos en nuestros primeros estadios existenciales? ¿Es acaso un espíritu con conciencia de hoy la brizna de hierba de ayer?

Es imposible por una mera cuestión de números, si cada brizna de hierba de un prado fuera un espíritu del mañana el universo estaría más que súper poblado de espíritus.

Si cada bacteria que es un ser orgánico unicelular fuese un espíritu mañana no se daría a basto en el universo con la súper población.

Con lo cual me queda la idea de pensar que el Ser en sus primeros estadios abarca áreas más extensas de lo que es un sujeto ya sea de minerales o de vegetales y que conforme se va haciendo más y más complejo va reduciendo el volumen del área hasta llegar al Ser en la cual todo se reduce a un sujeto animal antesala del hombre.

Es por lo tanto desde mi opinión siempre personal y particular que en los primeros estadios de la naturaleza podíamos ser un lago o un risco, una pradera o una arboleda, una colonia de hormigas o muchas colonias y conforme nuestra complejidad iba en aumento nuestra extensión o área a abarcar era cada vez más reducida.

En este mi primer artículo no quería olvidar los primeros enigmas que surgieron en mi mente hace poco más de un año cuando leí el Libro de los Espíritus, los primeros estadios existenciales del Ser era un tema por el cual no había encontrado demasiado interés por los demás y no es mi pretensión resolverlo, se perfectamente que no estamos aun en las condiciones de hacerlo pero si me parece que deberíamos empezar a planteárnoslo por nuestro propio conocimiento interior y por que las nuevas generaciones cada vez más despiertas y avanzadas a las actuales deberemos dar respuestas lo más coherentes posible como corresponde a unas generaciones que caminan hacia un mundo de regeneración.

Concluyo este mi primer artículo, soy consciente de que el tema no es demasiado trascendente en el movimiento espírita pero no sería leal a mi mismo si no empezase reflejando aquellas mis primeras inquietudes aclarando que no son dudas ni nada parecido sino un intento de profundizar en el análisis de la cuestión, que estoy sujeto a errores, que apreciaría cualquier respetuosa crítica si es desde el análisis y la profundización la cual interpretaré como constructiva.

Un saludo hermanos, mucha Paz.

Artículo de Pedro Deogracias, remitido por correo electrónico.

Escrito por Pedro Deogracias López

http://videoconferencias.esy.es/

Comentario en “Primeras Inquietudes: “El Ser y su paso por los tres Reinos”

  1. Muy bien!. No hay que temer el que dirán (sobre todo si atañe a conceptos generalizados que por si solos se hacen “doctrina”. Todo lo que sea analizado desde el estímulo del estudio y desde el respeto será siempre un valor. El espirita es librepensador.

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