Papel del Espiritismo en el Mundo

El hombre vive, en mayor o menor medida, condicionado en negativo por la idea de la muerte.

Casi todos reflejamos esta angustia vital, este miedo a la nada que ni siquiera las religiones han resuelto (y menos las derivadas del pensamiento judeocristiano)…

Y, habida cuenta de que la ciencia oficial ha consolidado y dado forma a este temor mediante el materialismo negador, se hacía preciso un revulsivo regenerador, una sacudida psicológica y cultural que en nombre del progreso ofreciera un nuevo modelo filosófico…

Por todo esto, el interés de los Espíritus guías de la humanidad es que comprendamos la necesidad de unir la ciencia con la religión (esta última en cuanto a concepto espiritual). Y para ello trascendieron, por un lado, el materialismo mecanicista, y por el otro, el atavismo religioso, conscientes de que el ser humano precisaba mirar el mundo de una manera más integral y elevada.

No rompieron con la fe (que continúa como plataforma de la conciencia y vehículo de auto-mejora personal), pero sí prescindieron de la adoración y el dogma y en su lugar apostaron por la filosofía y la moral.

Por ello, para contribuir a la renovación de la estructuras culturales y, así, al cambio conciencia que el mundo precisa, el Espiritismo se debe de enfocar sobre el tan necesario mensaje de la Inmortalidad.

Que la muerte no existe debe ser el gran mantra del movimiento organizativo espírita, aquello que todo el mundo debe escuchar (Jesús, los obsesores, la mediumnidad o el periespíritu son cuestiones secundarias, para abordar sólo cuando haya un interés en conocer la doctrina).

Este es el ropaje del auténtico Espiritismo, el único posible para llamar la atención del buscador del siglo XXI y aquel que puede mirar de frente a la humanidad del futuro…

De lo contrario permaneceremos haciendo círculos concéntricos al rededor de lo de siempre y, como mucho, sólo seremos un curioso subproducto del discurso religioso (tan respetable como incapacitado para resolver las inquietudes del hombre nuevo).

Sólo con el traje de la filosofía trascendente y la moral universal podemos presentar esta doctrina.

Si forzamos otros “ropajes” tendremos un Espiritismo despistado y a medias, falseado de atavismos ideológicos, culturales y personalistas; seguramente interpretado con las mejores intenciones, pero del todo ineficaz para formar parte del nuevo paradigma…

Por eso no hemos venido a hablar (otra vez) del Evangelio: de eso ya se encargan las religiones, que cubren la necesidad de aquél que aún precisa de ese molde…

Hemos venido a hablar de inmortalidad y esperanza, de que la vida continúa, de que existe la reencarnación, etc: ESTO es lo que el ser humano necesita escuchar e implementar para dar los siguientes pasos en la senda de la cultura y el progreso.

Es a esto donde debemos apuntar como espíritas… (y de hecho, para eso se produjo el esfuerzo organizativo que el mundo espiritual provocó hacia la mitad del siglo XIX).

– Romper con el miedo al vacío existencial.

– Reinterpretar la muerte (no como el fin sino como un cambio).

Conceptuarnos como seres espirituales (encarnados momentáneamente en la experiencia biológica).

Enfatizar la tolerancia y la fraternidad.

Promover una cultura del Espíritu…

En esto, por encima de las otras muchas cuestiones doctrinarias, es donde el espírita cabal (por legitimidad moral y coherencia doctrinaria) debe apoyar su discurso.

Por JUAN & LUMEN para ZonaEspirita.com

Escrito por Zona Espírita

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