El problema es el de siempre: el Espiritismo es un instrumento de trabajo interno (y por supuesto un instrumento de llegar y servir a los demás); NO para trabajar a los demás. …

Hay muchos que por un proceso de codificación erróneo van por ahí haciendo “doctrina”, en plan salvadores del mundo; y no, ese no es el plan….

Hay que desintificarse, desapasionarse… Pues la revelación de los Espíritus NO es nuestra, no nos pertenece, y por lo tanto no es necesario “justificarla” o “defenderla” (a todo instante y en cualquier ambiente) como sí fuera una extensión de nuestro ego.

Amar el Espiritismo, sentir su llamado transformador no significa convertirse en fanáticos defensores de la Verdad.

Prestemos atención a todo esto, porque un espírita acomodado, de rótulo, no es un espírita auténtico. …pero un espírita exaltado es disfuncional en términos personales y totalmente perjudicial en términos divulgativos (porque casi siempre termina produciendo extrañeza y/o rechazo).

El espiritismo es una convicción interior y un instrumento de ayuda (y sobretodo autoayuda), pero no una justificación para ir por ahí fiscalizando las conciencias ajenas y observando con una lupa la moralidad del prójimo.

Escrito por Juanma

Juanma

Juan Manuel Ruíz González es miembro de la Asociación Espírita José Grosso de la ciudad de Córdoba (España) y fundador del grupo de Facebook “Doctrina Espiritista”. También escribe artículos en publicaciones espíritas como el periódico madrileño “El Ángel del Bien” y es asiduo colaborador de la web Zona Espírita.

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