El Espírita como Elemento Educativo ¡Y Educable!

education_photoSabemos que el Espiritismo es una propuesta de educación universal: del ser intelectual, social y espiritual…

Por lo mismo, no podemos configurar una educación integral si no existe en paralelo una autoeducación personal.

El espírita que piense que por asistir a un centro o leer a Kardec, etc, está preparado para las labores de divulgación, se equivoca. No basta: nuestro compromiso espiritual nos exige la labor constante de autoedificación personal y, para esto, la teoría no es aval suficiente

No queremos decir que cada cual no pueda hablar y dialogar sobre Espiritismo cuando lo sienta ( y toque): con amigos, familia y gente interesada en general, desde su posición y adquisiciones culturales propias (sean cuales sean), puesto que el Espiritismo no es elitista… pero si lo hacemos con sensatez y sabiduría interior, mejor que mejor.

Si esto que decimos es vital en un ámbito más discreto, no hablemos cuando, además, decidimos acometer empresas de más envergadura: como publicaciones, hablar de cara al público, puestos de responsabilidad, etc, etc… entonces sí que debemos reforzar aún más el proceso de autoeducación. Ojo: no estamos hablando de cultura (aunque esta siempre será un hándicap), sino de educación íntima…y esto incluye las habilidades sociales básicas.

Lanzándonos al exterior (sin remodelación personal previa) poseidos por un exceso de celo o sentimiento, podemos ser más un obstáculo que un referente positivo. Y de hecho, esto ocurre; todos conocemos casos de espíritas que cuando hablan dan ganas de esconderse (por pudor). No todos estamos preparados para ello, y caso de que por presunción o por ingenuidad asi lo creamos, podemos hacer más mal que bien.

Por lógica, pero sobretodo por prudencia, antes, no debemos obviar elementos imprescindibles para incorporar en nuestras intervenciones: como la mesura, el tacto, capacidad de escucha, la imparcialidad, etc… Con las prisas o por falta de reflexión, podemos dejar atrás estas cosas que, no lo olvidemos, van hablar mucho más alto (aunque no lo percibamos) que aquello propiamente espírita de lo que estemos tratando, por interesante que sea.

Si descuidamos aspectos de actitud correcta y enriquecimiento íntimo, de cara a la galería podemos pasar por poco más que unos charlatanes o alucinados más.

Se percibe con nitidez el espírita que hablando de Espiritismo pretende meramente ilustrar, abrir un proceso de diálogo nutritivo (tal vez consolar, si tal es el momento), de aquel otro cuyo interés es comer el tarro del prójimo. Esto es así.

Las habilidades sociales, la asertividad, la autoestima, pensamiento positivo, resolución de conflictos, etc., son aspectos educacionales hoy cada vez más demandados en contextos diversos como la escuela, la empresa, la intervención comunitaria, etc.

A los espíritas nos vendría muy bien incorporar estos recursos en nuestra trayectoria personal (charlas, talleres, lectura especializada, etc), a la vez que serviría para optimizar la labor del centro espírita y también de puertas afuera.

El aprendizaje de destrezas sociales e interpersonales serían un refuerzo valioso para el comunicador espírita, a la vez que enriquecería la organización propia del colectivo espírita, aportándonos habilidades y fortalezas que facilitarían la creación de estrategias comunicativas, integración de propuestas organizativas, etc., y no solo a nivel espírita sino a nivel familiar y personal.

El espírita consciente no solo debe prepararse en el aspecto teórico, pues si no lo hace a nivel autopersonal, carecerá de la renovación imprescindible que se nos exige, y haría mejor no hacerse portavoz de ninguna escuela de crecimiento.

Debemos ser sensatos, honestos y valientes en cuanto a nuestros puntos flacos, reconocerlos y trabajarlos; no dejarlos ahí disimulados con una covertura de conocimiento doctrinario, entre otras cosas porque están ahí…(y se nota).

Esto es muy importante, yo diría que imprescindible para el espírita actual y los diversos contextos educativos formales e informales en los que nos movemos.

No es necesario esperar que lo proponga un orador de renombre o que un autor desencarnado lo refleje en una comunicación para saber que (por lógica), es positiva, saludable y necesaria esa remodelación educativa íntima.

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Escrito por Lumen

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