Gratitud

Dios nace del corazón, y se torna en una energía enigmática para nosotros, pero que necesitamos para sentirnos conectados con el Universo.

Las palabras se nos quedan pequeñas, cortas, insignificantes, pero el anhelo que siente nuestra alma es cierto: sincero.

Una energía nos envuelve cuando oramos, cuando posamos la mente en el Ser de Amor que nos ha dado la existencia cósmica. Una energía que no sabemos explicar, pero que nos conecta a todos.

Los defectos de nuestro corazón, las heridas que hemos ido almacenando en nuestra alma, son rociados por esta noble emoción que nos embriaga. Y nos sabemos pequeños, humildemente pequeños, a medida que más crece nuestro mundo interior.

La sonrisa nos brota en los labios y el deseo de hacer el bien florece como por arte de magia.

¡Bendito Tú Señor! ¡Gracias por esta noble comunicación que nos abraza en los momentos más necesitados!

Escrito por Myriel

Myriel

Usuario registrado en Zona Espírita.

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