Espíritas “Puros”; No, Gracias

El alma virtuosa y la elevación santificante son producto de una larga y progresiva laboriosidad que ni siquiera el Espiritismo nos va a otorgar por añadidura en unos pocos o muchos años… y menos en esta experiencia terrestre.

Pero pese a esta evidencia, es curioso observar como (por alguna razón ignorada), muchos espíritas tratan de obtener a toda prisa una apariencia y actitud lo más virtuosa posible… y esto incluso desplaza las que debieran ser -estas sí- sus prioridades: el estudio doctrinario, el conocimiento de si mismo, la convivencia sana y natural, etc.

Sinceramente, da un poco de grima ver a estos espíritas místico-evangélicos ir por ahí propugnando la Verdad para salvar almas, en todo repitiendo los mismos esquemas de pasadas y arcaicas vivencias reencarnatorias que, precisamente, el Espiritismo vino a superar…

Con este cliché mal digerido se provocan ciertas cosas, como: extrañeza y/o rechazo de nuestro entorno inmediato (o el entorno que queremos “adoctrinar”), la adopción de argumentos inflados de moralismo ridículo y desfasado, o, incluso, el surgimiento de neurosis provocadas por un férreo, artificial y erróneo sentido de la renuncia y la virtud.

Haríamos bien, antes que nada, en liberarnos de ciertos atavismos que portamos antes de hablar en nombre de los Espíritus reveladores (filtrando un Espiritismo afectado e innecesario que, más que la sana curiosidad, despierta la confusión y el alejamiento).

¿Por qué esa obsesión por la pureza si NO somos espíritus puros? Sin lugar a dudas, y para complicar aún más el asunto, guiándonos por tales actitudes impostadas, fácilmente podemos derivar en comportamientos rígidos y sectarios que tanto mal aportan al movimiento de cara a lo divulgativo.

Una cosa es tratar de domar nuestras inclinaciones egóticas, esforzarnos en ser mas conscientes y comprensivos (autoreforma), y otra muy diferente recalar en el remordimiento y la fustigación derivados del temor a Dios y/o la hipocresía bienpensadora, mucho más acorde con las diversas sectas judeocristianas que con el pensamiento espiritista.

Paradójicamente, la fijación por la pureza termina alejando al espírita del auténtico propósito del Espiritismo, haciéndolo vivir en una especie de burbuja evangélica, temeroso de ser contaminado por vibraciones inferiores (casi siempre he considerado que cuando un espírita se enfoca preferentemente en el asunto del umbral y los obsesores… mal vamos).

Para vivir o divulgar el Espiritismo no necesitamos volvernos puros, asi como tampoco precisamos convertirnos en asexuales para ser dignos de recibir o captar las vibraciones elevadas (para esto, basta con ser trabajadores, humildes y empáticos, alejados de intereses personalistas)…nada más.

Los Espíritus superiores no necesitan (ni siquiera se lo plantean), que nos volvamos renunciantes, ascetas o santos para colaborar con nosotros, pues saben que todos, en mayor o menor medida, portamos inferioridades en nuestra mochila evolutiva.

Por “Lumen” para ZonaEspirita.com
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