Análisis y comentarios: Psicografía: “Síndrome del Pánico”

“SÍNDROME DEL PÁNICO”

Entre los trastornos de comportamiento que dan cuenta de la sociedad actual, con enormes prejuicios para la salud del individuo y de la comunidad general, el síndrome del pánico se presenta, cada vez, más generalizado.

Varios factores endógenos y exógenos contribuyen para ese disturbio que afecta gran y creciente número de víctimas, especialmente a partir de los veinte años de edad, aunque pueda ocurrir en cualquier periodo de la existencia humana.

La descarga de adrenalina, avanzando por la corriente sanguínea hasta el cerebro en el ser humano, le produce el brote que puede ser de breve o de larga duración.

Se trata de un problema serio que merece tratamiento especializado, tanto en el área de la psicología como de la psiquiatría, mediante los recursos psicoterapéuticos a ser aplicados, así como los medicamentos específicos usados para la regularización de la serotonina y de otros neurocomunicadores.

En el momento en que ocurre el brote, el sufrimiento del paciente puede alcanzar niveles casi insoportables de ansiedad, de desesperación y de terror. No obstante, el fenómeno, invariablemente, es de breve duración, con las excepciones comprensibles.

 

Pueden ocurrir pocas veces, lo que no constituye un problema de salud, pero, normalmente es recurrente, por lo tanto, necesitado de tratamiento.

Gracias a los avances de la ciencia médica, en las áreas de las doctrinas psicológicas, el mal puede ser vencido con asistencia cuidadosa y tranquila.

Sin embargo, casos existen que no ceden ante el tratamiento específico, al cual el paciente es sometido, dando lugar a preocupaciones más serias.

Sucede que, en todo problema en el área de la salud o del comportamiento humano, el enfermo es siempre el Espíritu que se encuentra en proceso de recuperación de su pasado criminal, experimentando las consecuencias de las acciones infelices que se permitió practicar antes del nacimiento actual.

 

Renaciendo con la culpa esculpida en los tejidos sutiles del ser, temores y desasosiegos aparentemente injustificables, surgen inopinadamente, expresándose como leves brotes del pánico.

En consecuencia, por haber generado animosidad y resentimiento, sus víctimas, que no lo disculparon por las actitudes perversas que le padecieron, vuelven por el impositivo de las afinidades psíquicas y morales, estableciendo connubios de venganza por intermedio de las obsesiones.

 

El número de personas en sufrimiento bajo los aguijones de las obsesiones producidas por desencarnados es mucho mayor de lo que parece.

 

Es natural, por lo tanto que, en esos casos, la terapéutica aplicada más eficaz no resulte en los propósitos deseados, tales sean, la cura, el bienestar del paciente.

Se hace urgente el estudio más cuidadoso de la fenomenología mediúmnica, de las interferencias de los Espíritus en las existencias humanas, a fin de ser mejor comprendidos los disturbios psicopatológicos, de esa manera, facultando existencias saludables y comportamientos equilibrados.

 

 

* * *

Anteriormente confundido con la depresión, el disturbio del pánico fue estudiado más con detenimiento y, después de ser analizados todos los síndromes, fue reclasificado, a partir de 1970, como siendo un trastorno específico, recibiendo orientación psicoterapéutica de seguridad.

Puede ocurrir que, en un brote del disturbio del pánico, de naturaleza fisiológica, los enemigos espirituales del paciente se aprovechen del desequilibrio emocional de su adversario e invistan agresivamente, acoplándosele en el periespíritu y produciendo, simultáneamente, la inducción obsesiva.

Se trata, por lo tanto, de una problemática más severa porque son dos disturbios simultáneos, que exigen más cuidada atención.

En ese sentido, la psicoterapia espírita ofrece recursos valiosos para la recuperación de la salud del enfermo.

Concomitante al tratamiento especializado en el área de la medicina, las contribuciones fluídicas, mediante los pases, el agua magnetizada o fluidificada, las lecturas edificantes y la meditación, la plegaria ungida de amor y de humildad, los socorros desobsesivos en reuniones especializadas, sin la presencia del paciente, ofrecen los beneficios que necesita.

De cara al débito moral ante las Leyes de la Vida, es indispensable que el afectado se recupere espiritualmente, por medio de la voluntad para alterar la conducta para mejor, extremando esfuerzos para sensibilizar a su víctima antigua, alejándola a través de la paciencia, de la compasión y de la solidaridad.

El disturbio del pánico es trastorno cruel, porque durante el brote puede inducir el paciente al suicidio, conforme sucede con relativa frecuencia, en razón de la desesperación que da cuenta de la emoción del mismo.

El hábito de la oración y el recurso de las acciones en favor del prójimo en sufrimiento constituyen una admirable medicación preventiva a las embestidas de los Espíritus inferiores, equilibrando los neurotransmisores y facultando el mantenimiento de la armonía posible.

La reencarnación es, gracias a eso, el bendecido camino educativo para el Espíritu que, en cada etapa, desarrolla los tesoros sublimes de la inteligencia y de la emoción, de la belleza y del progreso, avanzando con seguridad en la conquista de la plenitud que a todos está reservada.

Las enfermedades, especialmente las de carácter emocional y psiquiátrico constituyen, así como otras orgánicas de variadas expresiones, desde las degeneraciones genéticas hasta las de carácter infeccioso, los métodos educativos y reeducativos para el discípulo de la Verdad.

En cada error cometido tiene lugar una nueva experiencia correctiva, de forma que la conciencia individual, armonizándose, pueda sintonizar con la Conciencia Cósmica, en una sinfonía de incomparable belleza.

 

Solamente, por lo tanto, existen las enfermedades porque permanecen enfermos en sí mismos los Espíritus deudores.

* * *

 

Sea cuál sea la situación en que te encuentres en la Tierra, bendice la existencia, conforme se te presente.

Si dispones de salud y disfrutas de bienestar, multiplica los dones de la bondad y sirve, esparciendo alegría, sin el desperdicio del tiempo en frivolidades y obligaciones perturbadoras.

 

Si te encuentras enjaulado en cualquier forma de sufrimiento, bendice la cárcel que te impide empeorar la situación evolutiva, evitando que nuevamente derrapes en los desaires y alucinaciones.

El cuerpo es una dádiva superior que Dios concede a todos los infractores, a fin de que logren la superación de la argamasa celular para cantar las glorias inextinguibles del Amor completamente libre.

Página psicografiada por el médium Divaldo Pereira Franco, en la mañana del día 30 de octubre de 2012, en Sydney, Australia.

Traducción al castellano de Isabel Porras González.

Puedes leer el original en portugués de esta psicografía en este link: http://www.mundoespirita.com.br/?materia=sindrome-do-panico

ANÁLISIS Y COMENTARIOS
Por Myriel para ZonaEspirita.com

1. A Divaldo P. Franco le encanta hablar de temas psicológicos y de perturbación psicológica. “Cadenas rotas” o “Entretelones de la obsesión” fueron dos obras que me gustaron bastante, porque plasmaban bien la idea capital que siempre defiende: que los débitos del pasado y la influencia del plano espiritual puede agravar enfermedades psíquicas o incluso causarlas.

2. Lo que propone el artículo es tan general que vale para cualquier enfermedad mental, no veo nada especial sobre el Trastorno de pánico, más allá de un pequeño encuadre histórico, para situar al auditorio.

3. La terapia que propone, pues si no eres espírita convencido no sirve. Cuando tienes una enfermedad psíquica, lo correcto es estar en terapia psiquiátrica (tomando el fármaco correcto) y psicológica o terapéutica alternativa para ver qué cosas pueden aliviarnos, porque la mente es el epicentro de todo lo que nos pasa. Si la causa es netamente orgánica (que las hay) la mente ayuda a “controlar” la situación, a no caer en los efectos de la enfermedad; ahí el fármaco ayuda. Si son episodios puntuales, el fármaco será de uso puntual, no crónico (pues de normal sus efectos secundarios no son nada deseables). Lo que propone Divaldo dicho así en crudo no es vendible. Lo que propone hoy se haría con sesiones de meditación (mindfulness), musicoterapia, yoga, etc, cualquier cosa que sirva para tener una “higiene de pensamientos”. Ya en el siglo XIX Pinel proponía algo similar, la idea no es nueva, lo que hay que adaptarla a los tiempos. Esto en lo tocante al tratamiento material.

4. Lo más relevante que aporta el espiritismo sin tanta parafernalia, y sin querer ocupar el lugar que le toca a las psicoterapias, es la charla con el espíritu obsesor (si lo hay). Ese venir a hacer las paces en una sesión mediúmnica. Lo cual sí que da paz y es catártico, pues te hace tomar conciencia de ti mismo. Pero que no te cura la enfermedad si ya hay un deterioro en el funcionamiento neuronal; aunque puede aliviar la intensidad de los síntomas. Ya que según el espiritismo, el obsesor incita a que se forme la enfermedad precipitando su aparición, y una vez que “debuta” ayuda a que se agrave más. Si deja de estar, la enfermedad ya no tiene ese agravante externo, pero sigue su paso, que depende de nosotros con los tratamientos adecuados paliar o contener. Por arte de magia no desaparece si es algo orgánico. Si es una cosa puramente psíquica, como una fobia, puede remitir (habría que ver cada caso).

5. El tema de los débitos pasados, la expiación etc., tiene un sabor muy de “culpas”. Hoy hay que darle la vuelta a dichas expresiones: simplemente somos aprendices de nuestros errores. Estamos diciendo lo mismo, pero quitamos ese flagelo que nuestra conciencia actual no acepta, porque no somos pecadores necesitados de limpiar manchas, sino aprendices que rectificamos ahí donde erramos o no supimos hacerlo mejor.

6. Además, no toda enfermedad mental tiene que tener detrás un obsesor. A veces nuestro más fiero obsesor somos nosotros mismos. Y en todo caso hacemos un efecto llamada a nuestra “fiesta mental”. Mens sana in corpore sano.

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Nota de Zona Espírita: Para comprender el contexto de este análisis os recomendamos leer este post: https://www.zonaespirita.com/importante-analisis-de-las-comunicaciones-mediumnicas/

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Análisis imparcial y necesario de los textos

Pulsa en la imagen para leerlo a pantalla completa. (Página de la obra “Nuestro Hogar”)

Mas allá de la Codificación, no deberíamos entronizar ninguna obra de contenido espírita (por emblemática que sea), y menos hasta el punto de convertirla en una “Biblia”. Esto deriva del sectarimo y de la fe ciega que aún no hemos logrado filtrar, lo que nos lleva con frecuencia a actuaciones que van en sentido contrario al mismo espíritu de la doctrina

Es imprescindible el análisis razonado e imparcial de los textos, para sostener argumentos creíbles y consonantes con el carácter dialógico y progresivo del Espiritismo.

No traicionamos al legado espírita ni provocamos la ira de ningún Dios por reconocer que por determinado comentario ha pasado el tiempo de manera expresiva o simplemente no está consonante con la filosofía codificada por Kardec, al contrario; es proceder de manera natural y sensata.

El texto seleccionado de la imagen correspondiente al popular “Nuestro hogar”, es el perfecto ejemplo de como la Codificación (escrita más de ochenta años antes), mantiene completa actualidad frente a ese texto que hoy “chirría” por completamente desfasado.

Este y otros ejemplos pueden producirnos extrañeza y/o desconcierto, pero no lo sería tanto si consideramos que el proceso mediúmnico es tan natural como complejo, y que rara vez escapa al 100% el influjo que sobre él ejerce el atavismo y la cultura.

También es cierto que el hecho de que algún comentario, definición o línea estén superados o no suficientemente adaptados al progreso natural de los tiempos, no debería significar que haya que desechar la obra entera, o como ocurre a veces, denostar al autor (físico y/o espiritual).

La aceptación ciega es una traba, el rechazo (producto del revisionismo radical), también puede llegar a serlo en igual proporción.

Seamos sensatos y ecuánimes en ambas posiciones.

Por Juan Manuel Ruiz González para ZonaEspirita.com
juanma@zonaespirita.com




Extracto de una comunicación

reincarnationCon el uso del libre albedrío que tiene cada individuo, hemos aceptado del Espiritismo todas las manifestaciones y procedimientos de muy buen grado, menos el hacer caridad a los espíritus.

Sin poderlo remediar, cada vez que vemos a un médium hacer visajes y contorsiones, lanzando maldiciones espeluznantes, dominado por un Espíritu en sufrimiento, se apodera de nosotros tal contrariedad que huimos de presenciar tales escenas, de escuchar los diálogos que se entablan entre el presidente del grupo o del centro que se dedica a hacer caridad a los espíritus. 

Mas siempre que hemos tocado este punto, haya sido de palabra o por escrito, hemos sido reconvenidos por cuantos nos han escuchado, pero recriminados duramente, diciéndonos que difundir la luz entre los ciegos era una obra de misericordia y ciego era el criminal empedernido que en sucesivas existencias, hacía el mal por el solo placer de ser hostil y feroz para con sus semejantes; a lo que siempre hemos  contestado: y antes de ser conocido y practicado el Espiritismo en la Tierra, ¿Cómo abrían los ojos a la luz, los ciegos de entendimiento?

Cuando no había médiums a quien molestar y entretener, (porque éstos no habían adquirido el menor desarrollo) ¿Qué hacía Dios con aquellos desventurados? ¿Los dejaba sumergidos en las tinieblas? Esto no parece posible; porque las leyes Divinas son de toda eternidad, y a Él no se le ocurrirá hoy, lo que no pensó ayer, por consiguiente, los espíritus en el Espacio siempre habrán tenido guías y protectores que les habrán enseñado el camino del arrepentimiento y los medios más oportunos para salir del caos del dolor; y además, ¿Qué papel representa en el Universo la humanidad terrena? ¿Qué virtudes atesoran los habitantes del planeta Tierra? ¿Qué grados de progreso les hace marcar en la historia de los siglos, los hechos más culminantes de su vida?

Triste y vergonzoso es confesarlo, pero en todos los tiempos se ha sostenido una lucha titánica y fratricida, el fuerte dominando al débil, y éste empleando la astucia y todas las malas artes para vengarse de su opresor; no ha habido redentor en la Tierra que no haya sido crucificado, no ha habido sabio que no haya sido objeto de ludibrio para sus semejantes en el cuerpo, mas no en la inteligencia.

Todos los grandes inventos han sido bautizados con las amargas lágrimas de su inventor. Toda religión, todo principio de moral ha sido maleado y explotado por la ambición insaciable del hombre. Todos los imperios más poderosos han levantado su solio sobre montañas de cadáveres. Los políticos eminentes, los que sostienen en sus tronos a los Césares, no son otra cosa que mercaderes de coronas.

En la Tierra hasta el amor es un cambio de egoísmo. Y estos espíritus que viven en continua turbación, en uno de los mundos de peores condiciones que pueblan los espacios, son los encargados, son los elegidos para dar luz a los que ya no tienen la camisa de fuerza de nuestra grosera envoltura.

¿Hemos de instruir a los que están más libres que nosotros?  El Espiritismo indudablemente tiene aún muchos puntos oscuros, y uno de ellos ha sido y es para nosotros “el hacer caridad a los espíritus”, pero como siempre que hemos tratado semejante cuestión, hemos adquirido enemigos y hemos sido objeto de agrias censuras, hemos concluido por decir: ruede la bola, estudiemos y algún día se sabrá la verdad.

Así las cosas, hemos seguido asistiendo a las sesiones espiritistas del Círculo de Buena Nueva, en el cual, en doce años que venimos estudiando las comunicaciones que da un buen médium parlante, nunca afortunadamente, éste ha servido de instrumento o de intermediario a espíritus en sufrimiento.

Sus comunicaciones sencillas y dulces las unas, filosóficas y profundas las otras, han sido un curso de moral racionalista, digno de ser estudiado y archivado en la biblioteca del hombre más sabio; pero careciendo de taquígrafos nada ha quedado de tan buenas lecciones, más que alguna que otra historia que hemos recogido en fragmentos, o el extracto de alguna comunicación cuyo asunto nos pareciera digno de ser estudiado y comentado detenidamente; y a este género de comunicaciones, pertenece la que oímos el 22 de julio último*; la que hubiéramos querido que la hubiesen escuchado todos los espiritistas de la Tierra; porque el Espíritu que se comunicó dijo grandes y profundas verdades, y tanto nos impresionaron sus palabras, que le pedimos que nos inspirara para trasladar al papel algunos de sus conceptos; y aunque muy imperfectamente haremos el extracto de un discurso, quizá el más notable y de mayor trascendencia que hemos oído sobre Espiritismo.

Dijo así el Espíritu:

Hermanos míos, voy a tocar un tema que ha sido muy discutido, que ha levantado gran polvareda entre los espiritistas, y éste se reduce a hacer una pregunta sencillísima. ¿Es útil, es conveniente hacer caridad a los espíritus?

“¿Qué son los espíritus para los terrenales? Seres invisibles que se comunican con determinadas personas, las cuales tienen condiciones medianímicas apropiadas, para recibir de distintas  maneras el pensamiento y la voluntad de los que un día habitaron en la Tierra. ¿Podéis responder de su identidad? No; podéis deducir, conjeturar y hasta creer que será éste, o aquél, unas veces porque le ven los médiums videntes, otras porque dicen lo que sólo uno de sus deudos sabe, pero la completa y absoluta seguridad de que el que se comunica es Juan, Manuel o Pedro, esa no la podéis tener, la identidad sin duda es completamente imposible; luego al hablar con los espíritus, habláis con seres enmascarados que pueden reírse de vosotros a mandíbula batiente (si la tuvieran), como se ríen vuestras máscaras en las fiestas del carnaval de aquellos que se empeñan en adivinar, quién será el bullanguero encapuchado sabedor de secretos y deslices.”

“Y a estos seres que no conocéis, que ignoráis por completo cómo vivieron y cuales fueron sus aspiraciones en la Tierra, si se os presentan gimoteando y destrozando al médium, decís con acento compasivo: ¡Pobrecito! ¡Cuánto sufre! ¡Qué turbación tan horrorosa! Es preciso no dejarle en la oscuridad. Escucha buen Espíritu, ¿Tú no sabes que existe Dios? A esta pregunta el pobre médium suele ser arrojado al suelo y maltratado por el Espíritu que reniega y maldice hasta su sombra; y los inocentes espiritistas sin cuidarse de lo que sufre el médium, principian a exhortar al Espíritu en turbación y a decirle: mira, atiende, escucha, ¿Tú no sabes rezar? ¡Ah! Tú no sabes el consuelo que se encuentra en la oración, ora, buen Espíritu, ¡Elévate! ¡Elévate! Y encontrarás a Dios.”

“¡Infelices! (que no merecen otro nombre los que se asocian a los comediantes del Espacio) ¿Pensáis que un Espíritu empedernido en el crimen se eleva en el breve plazo de algunos segundos? No; necesita siglos para engrandecerse y aspirar el perfume divino de la oración. ¿Por qué sois tan torpes? ¿Por qué no estudiáis en vuestra propia vida? En vuestra misma familia no faltará un ser más descreído que vosotros, que se ría de vuestras creencias y al que predicáis continuamente para que entre en el redil, y cuántas veces, después de escucharos os dice  con la mayor indiferencia: bueno, allá veremos; y a su vez aprovecha la ocasión que cree más propicia para ridiculizaros y atraeros a su escepticismo, sin que vuestro trabajo obtenga más fruto que el que alcanzar pudiera un misionero, predicando en un desierto día tras día.”

“Vosotros mismos, si os miráis sin usar el anteojo del amor propio, reconoceréis que de cien defectos, sólo os habéis despojado por completo de uno, después de estudiar años y años el aforismo de la moral eterna: “no hagas a otro, lo que no quieras para ti”. Ahora bien, ¿Cómo queréis, ¡Pobres ciegos de entendimiento! Que los criminales se rediman en un segundo, si vosotros sin serlo, tardaréis muchos siglos en redimiros?”

“¡Redimir! He aquí la eterna monomanía de la humanidad; pero siempre queréis redimir a los que están más lejos, olvidándose de vosotros mismos, y luego de aquellos que llamáis salvajes y que habitan en regiones, en las cuales aún no habéis puesto vuestra planta. ¡Tanto como tenéis que hacer aún en ese planeta, tanto como tenéis que colonizar, tanto como tenéis que aprender para enseñar e instruir, a las masas embrutecidas por la barbarie de la ignorancia!… y perdéis un tiempo precioso ridiculizando al Espiritismo, convirtiendo un estudio serio y profundo en irrisible pantomima, en comedia que por vuestra torpeza puede muy bien convertirse en tragedia”.

¿Queréis hacer caridad a los espíritus? Comenzar por vosotros mismos, moralizando vuestras costumbres y dulcificando vuestros sentimientos; engrandeciendo vuestros ideales y sublimando todas vuestras aspiraciones, siendo modelos acabados de mansedumbre y de templanza, esa es la mejor caridad que podéis hacer a los que os necesitan.

“No levantéis un nuevo monumento a la superstición, no hagáis del Espiritismo una farsa indigna entre los miserables de arriba y los imbéciles de abajo, aprovechad mejor el tiempo estudiando, que nada sabéis todavía del mundo de los espíritus, pues sólo sabéis que el alma no muere, pero ignoráis en las condiciones que se encuentra, pues en vuestras afirmaciones todo es hipotético, os  pondré un ejemplo sencillo: ¿Saben los hombres honrados lo que pasa dentro de los presidios? No; acuden a ver a los confinados, les aconsejan, les exhortan y sus palabras resuenan en los oídos de los penados como una música más o menos armoniosa, que al cesar la cadencia cesa la impresión, y su género de vida no sufre alteración alguna, porque siempre se inclina el Espíritu del lado de la rutina y de la costumbre, pues de igual manera, los espíritus criminales no se convierten por los consejos de aquéllos a quienes toman en su malicia y perversidad como juguete y entretenimiento, complaciéndose en atormentarlos y en obsesarlos sin compasión”.

“¡Cuánto tiempo malgastáis! ¡Cuántas horas perdéis en inútiles predicaciones, conversando con los de arriba mientras abandonáis a los de abajo!…”

“¿Creéis que os faltan en vuestro planeta espíritus en turbación? Miraos a vosotros y veréis que ocupáis el primer lugar entre los seres ofuscados”.

“Estoy leyendo en vuestro pensamiento que se hace la siguiente pregunta. ¿Todos los espíritus en sufrimiento que se comunican, son unos impostores? ¿Todos engañan? No todos precisamente; pero tened entendido que el Espíritu que de buena fe llega a vosotros para contaros sus penas, respetará al médium y no le hará sufrir, ni tampoco dirá con fingido alborozo ¡Qué bien me encuentro! ¡Ya veo la luz! ¡Cuán feliz soy! No, nada de eso; porque tenedlo bien entendido, no sois los terrenales los encargados de dar luz a los habitantes del Espacio, porque aún vivís en completas tinieblas, porque sois unos infelices cargados de penalidades y no sabéis siquiera la mayoría de vosotros, de qué se compone el aire que respiráis*. No tratéis de redimir a nadie, que harto trabajo os costará redimiros en el transcurso de los siglos”.

“Aprovechad mejor el tiempo, estudiad, analizad, comparad y haréis la mejor obra de caridad porque veréis nuevos horizontes y dejaréis de representar farsas ridículas, queriendo convertir muchas veces a quien sabe más que vosotros, en todos  los sentidos”.

“Los espíritus no necesitan caridad, en el Espiritismo no hay ánimas del purgatorio que esperen misas y responsos, las leyes eternas se cumplen sin intervención de nadie; los espíritus se estacionan o adelantan según sus grados de progreso ¡Y cuántas comedias se han representado hasta ahora en los Centros Espiritistas! Porque no ha habido tal conversión y sí sólo la burla de los de arriba y la supina ignorancia de los de abajo”.

“Repetid mis palabras y no temáis al estamparlas en el papel, que ellas den lugar a protestas, decid siempre la verdad, que la verdad os hará libres. De verdades está sedienta la humanidad, tenedlo bien entendido, haced que la razón sea el manantial inagotable que calme la ardiente sed de las generaciones del porvenir. Adiós”.

Ésta fue la síntesis de la comunicación, su lenguaje fue correcto y elocuente, y hartos sentimos no haber podido copiar fielmente sus menores palabras, pero en la ruda lucha de la vida no siempre se dispone del tiempo necesario, no siempre se pueden emplear todas las horas en trabajos intelectuales; mas aunque muy imperfectamente, no hemos querido dejar de transcribir algunos fragmentos de tan valiosa comunicación, que ha venido a corroborar nuestra opinión de que los espíritus no necesitan caridad; al menos en la forma que hasta ahora se ha venido haciendo, y creemos que el mayor bien que les podremos hacer es convertir la Tierra en un mundo de paz y de amor; paz y amor que hasta el presente desconocemos, pues los terrenales no se quieren, no se aman, únicamente se toleran, la tolerancia es lo que hoy simula el amor en el seno de la familia; que los espíritus perversos cuando se acerquen a la Tierra no vean más que familias felices, y la contemplación de nuestras virtudes, será para ellos la mejor obra de caridad.

*Publicado originalmente en el periódico espiritista “La Luz del Porvenir” a finales del siglo XIX.

Por Amalia Domingo Soler 




Autores y expositores; Cuando la desconfianza es un obstáculo

1176173_194324227439358_2115614400_nNo podemos divulgar con naturalidad (y la naturalidad es algo que se irradia, no lo olvidemos) si todos nos situamos en un único patrón de intervención, no solo porque costriñe todo lo que podemos alcanzar sino porque, además, queda pasmosamente de “rebaño”: hablas con un espírita y en realidad es como si hablases con el 90% de los demás. Esto debe ser superado.

Pongo un ejemplo… Si sabemos que a determinada persona le va a resultar más accesible leer una obra de Brian Weiss (que no es espírita pero que trasmite muy bien la idea de más allá, inmortalidad, etc), ¿porqué vamos a tener que recomendar “Nuestro hogar” o las obras de Allan Kardec como norma inmutable, si sabemos que a esta persona (específicamente, por sus circustancias) le va a costar más trabajo?

Pareciera que si hacemos lo contrario traicionamos a Kardec, y a este se le falla con otras cosas: la falta de compromiso con la causa, el fanatismo, la falta de empatía entre espíritas, etc., no por recomendar un libro espiritualista que tenga cosas que aportar, porque de lo que se trata es de trasmitir la idea de la inmortalidad y en última instancia de consolar (y si ese es el motivo, Kardec estará más que deacuerdo con nuestra actuación).

Seguramente, más que falta de respeto a la figura del maestro de Lion tememos el actuar de manera diferente a la mayoría, al que dirán incluso. Esto es absurdo, pero no me cabe duda de que estas sensaciones bucean bajo la superficie de muchas pautas que repetimos sin cesar.

A pesar de lo valioso de sus aportaciones a la cultura espírita contemporánea, hay también espiritismo fuera de las obras de Andre Luiz y Divaldo P. Franco (incluso me atrevería a decir que fuera de las obras netamente espíritas), porque esta ciencia del espíritu y la razón no se detiene en dos o tres autores consagrados, sino que continúa su rumbo por otros medios y filtros de expresión. Hay que leer (y estudiar) las obras de A. Luiz, las obras psicografiadas de Divaldo (su serie psicológica es una joya, por ejemplo), pese a que ni en Luiz ni Joanna de Ângelis el espiritismo ha dicho su palabra definitiva.

Pecariamos de injustos y de bastante ignorantes si por una especie de combustión espontánea cerramos filas a otras producciones espíritas (incluso co-producciones, caso de que sean obras mediúmnicas). El inmenso campo de actuación y complejidad operativa del Mundo mayor  a través de lo específicamente mediúmnico o a la inspiración no se reduce (por pura lógica) a la utilización de un solo canal encarnado o dos: la espiritualidad mayor se canaliza por muchas fuentes y muchas mentes cada vez que es necesario, y lo hace a pesar de nuestras imperfecciones y limitaciones cuando ven que existen las condiciones mínimas: receptividad, seriedad y compromiso.

Creo que los Espíritus espíritas se utilizan de otros muchos hermanos, pese a que estos no estén en el top 10 de los libros más vendidos o siquiera estén en esa lista porque ni se les ha dado la oportunidad de ser publicados. Haríamos bien en reflexionar en todo esto.

Seamos vigilantes para no aceptar cualquier cosa que sea atribuible a lo mediúmnico, pero si una obra es digna, seria (leal al espíritu de la codificación) y tiene cosas que decir, no la rechacemos.

Responsabilidad no es solo filtrar toda producción (por mediúmnica que sea), también lo es mirar más allá de lo trillado.

Hay escritores que esperan ser reconocidos por sus hermanos encarnados y que tienen mucho que decir, como también hay oradores que deberían tener un lugar más destacado en la divulgación espírita. Pero todo este potencial seguirá estando en el aire mientras el grueso de los compañeros de ideal prosiguen cómodamente instalados en “Nosso Lar”.

Las conexiones elevadas o dignas con el mundo espiritual prosiguen más allá de los circuitos familiares o reconocidos, que no nos quepa la menor duda.

Blog de Lumen en Zona Espírita




El Método Kardeciano

coordinarPara poder estudiar un tema, es necesario hacerlo sistemáticamente, con una lógica y un rigor.

Precisamente la filosofía moderna nace con la obra de Descartes El discurso del método, donde se deja plasmada una serie de ideas a seguir que han cimentado el quehacer científico.

Kardec cuando comenzó a recibir las comunicaciones desde el plano espiritual adoptó este método cartesiano, “remontándose de los efectos a las causas” por inducción. Dada la dificultad del material no “sensible”, ni “palpable” con que trabajaba Kardec, hubo de idear un modo posible de comprobar que las respuestas dadas eran o no ciertas. Por lo que ingenió: la concordancia de las respuestas. 

Es decir, a una misma pregunta él buscaba respuestas mediante diferentes médiums, y distintos espíritus. Haciendo un balance, si no estadístico, al menos sí cuantitativo de la concordancia dada.

Estas respuestas vinieron de todas partes del globo, una vez conocida la idea de Kardec de hacerlas públicas en una obra, la que vendría a ser el Libro de los espíritus. Porque una cosa quedaba plenamente demostrada para el investigador no puntilloso, la comunicación con el otro plano era real, si no siempre, al menos en un alto porcentaje de las veces. Quedaba verificar si la información recogida merecía igual credibilidad.

Kardec dejó abierta su obra: “la codificación espiritista”, por ser el compendio de todas estas comunicaciones bajo su trabajo de investigación personal. Consciente de que los nuevos tiempos vendrían a verificar o refutar las revelaciones dadas por los espíritus. Él siempre se mostró muy cauto y nunca quiso ir más allá de aquello que los medios científicos de su tiempo pudieran verificar, dejando la especulación para el momento en que tales pruebas fueran posibles.

Hoy día, en gran parte, este espíritu cauto y prudente, y sobre todo metódico se ha ido al garete. Hay una gran devoción hacia las obras psicografiadas, y en ellas se deposita normalmente toda la fe y creencia. Se acepta lo dicho sin mayor crítica, ni juicio. Hay un gran retroceso en la mentalidad espírita. Hemos vuelto al manido “criterio de verdad o autoridad”. Algo es cierto si lo dice Emmanuel, o André Luiz, o cualquier otro espíritu, que por ser espíritu le otorgamos una sabiduría especial.

Nos olvidamos que Kardec nos habla que los espíritus son las almas de las personas que habitaban la tierra, con sus mismos defectos e inclinaciones; también ellos se hallan impregnados de sus anteriores ideas. No es de extrañar que Emmanuel, anterior sacerdote católico, mencione tanto la religión en sus comunicaciones, sólo por citar un ejemplo.

Por tanto, en vez de abrir nuestras mentes a la sana investigación, a la reflexión cabal y al entendimiento fraterno, nos empestillamos en engullir enseñanzas; como si la humanidad no hubiera llegado ya al punto de madurez suficiente para dejar de postrarse y suplicar. Depositando en los espíritus la responsabilidad de vivir nuestras existencias, cuando ellos lo único que hacen es delinear unas ideas maestras, dejando que cada cual tome aquello que necesita.

Abdicar de la razón, es caer en el fanatismo. Perder el juicio crítico, es ser preso del juicio ajeno.

Blog “Claro de Luna” de Myriel en Zona Espírita